¡Que termine la pos dictadura!

¿Se casa uno con la primera novia? ¿Se define un diseño con el primer boceto? ¿Nos quedamos con el primer empleo obtenido? Generalmente no. Entonces ¿porqué tomar decisiones tan importantes, definitivas e irreversibles -como afiliarse a un Partido Político- siendo tan jóvenes, inexpertos y casi siempre ignorantes en materia política?

La respuesta es desoladoramente sencilla: para conseguir trabajo. No importa que el corazoncito palpite por el azul o el rojo; que uno se incline a la derecha, a la izquierda o permanezca en el centro. Lo importante es que la brújula partidaria de quien aspira un empleo, esté bien orientada. Aunque de últimas, cualquier “ismo” de la “fiesta democrática” nos pondrá al alcance de alguna cuotita laboral. No será fácil sin embargo. La competencia es copiosa y la conscripción en pos del laburo, obligará la asistencia a reuniones partidarias, en concentraciones, repartir folletos, hacer llamadas -a radioemisoras o correligionarios- para todo lo cual, el muchacho o la muchacha deberá tragar sapos y culebras además de soportar a “líderes” de dudosa prosapia moral. Y aun si eligió bien el Partido, deberán esmerarse todavía mas en “acertar” la interna conveniente, la de mejores posibilidades. Por que si sus aspiraciones eran enrolarse bajo el pendón de Bernardino Caballero” o en las huestes de Eduardo Vera, las mismas se diluirán detrás de un nombre -o un apodo- con el ismo de rigor. Y será entonces, simplemente, “llanista”, “efrainista” o “franquista” aunque se pretenda liberal. Y si colorado, los matices lo llevarán del “cartismo” al castiglionismo” pasando por los istas de cada sector.

En algunas de las otras carpas partidartias, la situación es peor … si es que esto fuera posible. En la UNACE -por ejemplo- hay que encolumnarse detrás del jefe. No hay otra. Y en la variopinta margen izquierda, ya no hará falta leer a Marx sino manejar ciertos vocablos para definirse manifestando al mismo tiempo, una intolerancia absoluta hacia cualquiera que no comulgue la misma visión de “progresismo”, democracia o libertad que campea entre sus líderes. Es la constante de estos tiempos: la contradicción de apegarse a los códigos democráticos y denostar sin piedad contra los de pensamientos diferentes.


Afiliarse hoy ya no representa la adhesión a ideas y conceptos elaborados con lo mejor y mas virtuoso del saber humano y frente a una posible labor de gobierno. En el todavía cercano pasado, la sociedad percibía en la acción de combativos dirigentes de Partidos, la luz que brillaba

-tenuemente a veces y a veces muy brillante- en la densa y larga noche de la dictadura. Pero el Dictador se fue y pareciera que bajamos la guardia. Como si la esforzada lucha de otros tiempos no nos permitiera medir los efectos devastadores de la mediocridad instalada en la República. Por lo que impacientes por apurar de un trago la transición democrática, los Partidos se apresuraron en otorgar un ropaje legal a los medios de acceso al poder, sin desmantelar previamente el perverso andamiaje del sistema y sin erradicar, sobre todo, la mentalidad autoritaria inoculada a la sociedad entera como un cáncer. Se gestaron entonces decenas de instituciones para “cuidarnos los unos de los otros” (la desconfianza hacia cualquier diferente ES una de las herencias mas reconocibles del Dictador); además de sistemas electorales que ya no demandan doctrinas ni proyectos de gobierno. Mucho menos ideales con los que avizorar una mejor sociedad. El Supremo Tribunal Electoral -¡vaya nombre!- sólo exige padrones partidarios que oficializan el sectarismo (proscribiéndose de paso, la independencia para elegir); sólo listas cerradas para ser votadas, inscripciones, plazos, y algunas cuestiones administrativas.


La actividad de los partidos se ha rebajado entonces a la mera disputa por el poder sin que sus actuales dirigentes atisben a plantear soluciones a los males de la República. Todos se ocupan de abultar la cartera de clientes junto a la integración de herméticas nóminas electorales entre cuyos integrantes preponderan “virtudes” que nacen mas del corazón que del cerebro y en muchos mas casos, de órganos “mas abajo” que del mismo corazón. Si originalmente distintos -por doctrina o por historia- los partidos se han vuelto semejantes en lo operativo: sólo captan socios para un intercambio: “tu me votas, yo te consigo trabajo”. O dicho eufemística y más elegantemente: “te financio un espacio para tu labor partidaria”. Y tan claro es el acuerdo que tras la proclamación de la victoria electoral de cualquiera de los candidatos, de cualquier partido, los despachos de los flamantes consagrados se llena de gente con carpetas y las correspondientes solicitudes. Cuando la atención se demora el tiempo que excede la paciencia del correligionario, se escuchará la común increpación de casi todos:

– ¡¡Yo te voté!!

Si asumimos cuáles son las reglas de juego y quienes los jugadores, un mínimo de sensatez puede asegurarnos cuáles serán los resultados. Por lo que la votación no es mas que una lotería en la que la ciudadanía no es sino una convidada de piedra y de cuyos resultados obtiene cada vez menos respuestas y ninguna esperanza. Pues la “democracia” nos han cercado de instituciones deficientes, sectarias, clientelistas, dirigidas por incompetentes. Que, cuando menos, trafican con influencias y hacen gala de un absoluto desparpajo a la hora de justificar sus desmanes. Si esto no es dictadura … se le parece mucho.

¿No es tiempo de exigir de que se le ponga fin?

 Jorge Rubiani – jrubiani@click.com.py

Concertación

Estimadas amigas; estimados amigos:
(Les dirijo todos abiertamente; sin copias ocultas y como para que sepan quienes son los destinatarios de este envío. Están autorizados a re enviar esta nota a quienes deseen)

Me dirijo a ustedes, miembros de grupos organizados e independientes, residentes en el interior o exterior del país, porque a medida que se aproximan las “fiestas eleccionarias”, la gente se anota en cualquier nueva patriada con el sueño de cambiar algo (aunque sea) de lo ya visto y conocido. Ahora, nuevamente un grupo de personas y grupos organizados, pretender conformar listas independientes para las Cámaras Parlamentarias (al respecto habrá -talvez- otras iniciativas que ignoro). 
Mis preguntas para ustedes, personas a quienes aprecio y conozco por el trato, la amistad o el frecuente intercambio epistolar; y que además tienen vivencias (o frustraciones) en torno a este tema y tal vez como todos, esperan que algún milagro suceda en nuestro país … son las siguientes:
¿ Qué opinan de la idea?
¿ Estarían dispuestos a participar de una amplia Concertación de Movimientos o Grupos para apoyar y/o participar en tal proyecto?
¿ Estarían dispuestos a difundir esta idea si es que no fuera de vuestro interés una participación directa?
Si están dispuestos a una participación directa (para saberlo bastará que me contesten esta nota) … ¿querrían organizar grupos de apoyo o trabajo en los lugares donde residen?

Quiero aclarar que nunca contemplé esta alternativa porque siempre pensé que “sumar peras al olmo” (parafraseando al chiste), sólo nos traerá mas peras de mal gusto. Y pensaba que no valdría la pena este intento sin cambiar lo fundamental: las perversas listas sábanas, por ejemplo, entre otras varias medidas para depuración del sistema…
Pero me han invitado a participar de este asunto y estoy todavía un tanto renuente. Intenté, con los escasos datos que poseo, dirigirme a quienes no he visto participar activamente en partidos o movimientos ya formados. Y de quienes espero un consejo, un “¿vos estás loco? o un “jajoka katu hese”.

Les adjunto un material que preparé para la gente de esta Concertación, tras la única reunión en la que participé. Van en dos formatos de word para que lo puedan abrir según la aplicación que tengan. 

Pido disculpas por la molestia que les ocasiono y les envío un fuerte abrazo y cordiales saludos, JR.

¿Es Ud. progresista…?

¿Es Ud. progresista…?
Jorge Rubiani – jrubiani@click.com.py

Una sociedad sin hábitos democráticos pero abruptamente colocada bajo el ropaje de la democracia, tenderá a operar bajo los códigos que ésta le impone sin abandonar el pensamiento autoritario. Obligados por las circunstancias, sus líderes podrán elaborar un complejo y costoso mecanismo legal para ayudar en el propósito, aunque con la mente y el corazón puestos en los resquicios que dejará el mecanismo para violarlo. Displicentes ante las normas de convivencia, poco habituados a los límites que consagran la libertad de iguales y estructuralmente discapacitados para considerar “al otro” como de idénticos derechos y oportunidades, los hombres tenderán a ignorar las leyes o alterar su sentido, deformar conceptos y declamar vocablos al sólo efecto de presumir de “democráticos”, sin que los ritos electorales hagan olvidar los vicios que adornaban la infalible y puntual mentalidad de los tiranos.

El lector podrá percatarse de las similitudes de este tipo de sociedades con la nuestra. Y es una de las razones, por la que muchas mas veces de lo necesario, escuchamos hablar de gobernabilidad, de pactos, de alternancia, consensos o de otros sustantivos que no se comprenden totalmente pero sirven para que algunos se den aires académicos, o saquen a ventilar alguna identidad ideológica que no se funda sino en un reducido catálogo de expresiones. Una de ellas y de las mas frecuentemente usadas, es la de “progresista“. Y, de acuerdo a quienes se jactan de serlo, el “progresismo” se identificaría con la izquierda. Uno de los indicios que certifican tal asociación es el frecuente menoscabo que hace la derecha del vocablo. Pues así como designaban “zurdos” a los militantes socialistas, ahora dicen “progre” a los que se dicen progresistas. Con el mismo tufo a desvergüenza que siempre se ha reconocido a la derecha. …
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