HABLANDO DE ÉTICA PERIODÍSTICA

Días pasados, un muy buen amigo y aventajado estudiante de periodismo, me invitó al espacio radial que tiene en la emisora de la UNE de Ciudad del Este. Es allí donde él realiza sus acostumbradas prácticas radiofónicas, como parte de la enseñanza integral que recibe.

El motivo por el cual fui convocado por mi amigo a dicha emisora, era debatir sobre la Ética Periodística, que es una de las materias más urticantes y espinosas de estudio. Este elemento indispensable dentro del quehacer de esta sacrificada y arriesgada profesión, ha caído en el olvido o perdido su vigencia como el carnaval o las fiestas de San Juan. 

No pretendo contar todo lo que allí dije, pero sí resaltar algunos conceptos que me parecen muy interesantes compartir, a fin de aclarar ideas, que pueden prestarse a confusión. Lo primero que hice fue explicar, que soy simplemente un escritor y no un periodista, a pesar que recorro constantemente casi todas las redacciones regionales y las más importantes emisoras radiales de Ciudad del Este.

Luego acoté las funciones, diciendo que un periodista tenía que informar de una noticia, así como la veía, sin agregar adjetivos calificativos subjetivos ni elementos que no pudiera comprobar con certeza. Posteriormente procesar la información dándole una forma coherente y en un lenguaje de fácil entendimiento para todos y finalmente difundirla.

Otra de las filosas preguntas decía que, al periodista siempre se le reprocha por su crítica y que nunca aporta soluciones. A lo que respondí que a los reporteros se les paga por informar, que para lo otro había gente especializada (¿?) en el gobierno, al cual se le abona varios sueldos mínimos, cosa que un trabajador de prensa, siendo “derecho”, apenas araña un sueldo mínimo y medio, y con mucho viento a favor.

Me pidió entonces que defina a la profesión, a lo que respondí  irónicamente, que según yo lo veía: “el periodismo era la manera más divertida de morirse de hambre”. Mi amigo me agradeció mucho en nombre de todos los estudiantes y en el suyo propio, por darle tanto aliento, cuando recién están promediando la carrera.

Sin dejarme respirar, me tira a quemarropa otra simpática e irritante pregunta. ¿Existe la ética periodística? A lo que respondo: “Por lo que pude observar, en los pocos años que estoy en los medios, se me hace que es como el “sándwich de cerveza”. Algo que en realidad no existe”. 

Abrió grande sus ojos, como dos huevos fritos. Pero nosotros estamos cursando una materia llamada Ética Periodística. Ya sé, le contesté. También en la Facultad de Derecho se enseña leyes y decime, ¿Quién las respeta? Igual que ustedes aprenden Ética y sin embargo, en todo el aparato judicial la gran mayoría de sus componentes tienen denuncias por corrupción. Hasta el presidente del Congreso es un evasor impositivo. 

La facultad es como tu casa. De una forma u otra estás en una burbuja aséptica sin ningún tipo de contaminación y de pronto el reloj cronológico dice que ya sos un adulto. Cuando cruzás la puerta, te encontrás con una realidad muy distinta a la que te enseñaron. Por lo que tenes que comenzar un nuevo aprendizaje, que consiste en adaptar lo aprendido y aplicarlo a un tipo de vida hostil y diferente, del cual ni te imaginabas…, ejemplifiqué.

No bien terminé de acomodarme, en mi butaca, luego de un tema musical, me ametralla con: don Ricardo, ¿Qué opina sobre las radios piratas? Lo miro fijamente y con una mueca más que una sonrisa le respondo: ya te dije antes que las leyes están de florero en este país, por lo tanto, según mi punto de vista, no existe tal diferencia en radio legal o radio pirata.

Vi que mi amigo apretó con fuerza, los apoyabrazos de su butaca, se echa para atrás y respira profundamente: ¿Por qué lo dice don Ricardo? Resulta que existen leyes y disposiciones que las emisoras deben obedecer, dije pausadamente; sin embargo solo los medios más grandes de Asunción, las respetan y hasta por ahí nomás.

En el interior es pura letra muerta. Los dueños de los medios no quieren pagar sueldo. Entonces uno mismo debe salir a la calle para hacérselo. Esto es una verdadera aberración. Por lo tanto no existe el famoso riesgo empresario. Con esto evaden IPS y los beneficios sociales adicionales. Nunca se les ocurre pagar APA, a pesar que dicen de boca para afuera, que aman a la música paraguaya, a sus músicos y poetas.

Tampoco sus equipos cumplen todas las normas de CONATEL. Como por ejemplo, tener al transmisor en el mismo terreno que la emisora, ya que su cercanía es realmente peligrosa. Las FM generalmente usan la llamada banda sucia o sea, lanzan al éter más potencia de las asignadas en sus licencias, encimando e impidiendo la buena recepción de otras emisoras.

Es normal que las FM funcionen como AM y se escuchen emocionantes partidos de futbol, seguidos de una masiva y pegajosa publicidad, cosa que desnaturaliza la esencia de la FM. En cuanto a las radios comunitarias, ninguna en nuestro país, se desempeñan  como tal. Tienen los mismos vicios que las FM. Para colmo de males, funciona una FM brasilera, que transmite las 24 horas, en portugués, desde el Edificio España, transgrediendo normas de ambos países. 

En cuanto a la ética misma, esta se vende según la necesidad económica y la reserva moral del cliente. Los medios condicionan muchas veces el rumbo a tomar y por lo general los intereses de poder se cruzan. 

El querer mantener una gran estructura, muchas veces hace que se apele a toda clase de recursos para conseguir dinero. Desde preparar tapas hasta hacer falsas denuncias sin la previa verificación.

Para muchos colegas no importa cómo se consiga la noticia, tenerla es lo primordial. Falsearla, manipularla o acondicionarla son solo pequeños detalles, para quienes la ética es solo una palabra. 

Dicho esto último, mi buen amigo se relajó tanto como el novel operador. Nos despedimos y quedamos en encontrarnos nuevamente en la radio de la UNE, porque el tema da para mucho más, con perdón de aquellos que no siguen el buen camino.

“HELLO GENTE”

Era un hermoso día soleado en Ciudad del Este. Especial para ir de “camping”. Me había levantado de muy buen humor, por lo tanto me puse bien “fashion”. Tomé mi “walkman” y salí a la calle. Me puse a hacer “footing” hasta llegar a la parada del “bus”. Por el camino me encontré con un “stand” de “hot dog” y compre mis acostumbradas “cookies”.

Para mi sorpresa, el chofer del “bus” me dio un “ticket” cosa bastante inusual. Supuse entonces que su “boss” dudaba de su honradez y le envió inspectores, para controlarlo. Al rato, subió un joven portando un “pin” que lo identificaba como un voluntario de una institución benéfica.

Pero como la gente ya desconfía del destino de ese dinero, se abstuvo de contribuir. Durante el corto recorrido, noté que nuestra ciudad se encontraba saturada de “posters” y “graffitis” con lo que la contaminación visual estaba entrando en su máximo apogeo. No tardé mucho en llegar a la oficina de mi “partner”.

Apenas traspuse la puerta, su secretaria me atajó y me dijo que por favor lo esperara. Estaba en un “meeting”, así que tomé asiento. Había venido para hacer “public relations”, ya que sin ellas, uno nunca puede estar a totalmente a “full” en cualquier cosa que emprenda.

La secretaria me ofreció un “magazine”, como para que me entretuviera, hasta que mi amigo terminara su “bussines”, pero preferí mejor hablar con ella. Como su cuerpo era demasiado atractivo al ojo masculino, le pregunté si no concurría a un “spa” para hacer “aerobics” y ella me contestó que no hacía falta, ya que había contratado a un “personal trainer”.

No es demasiado caro para una simple secretaria, le insinué, no queriendo ofenderla. Respondiéndome que si lo era, por eso tenía otro empleo, de “baby sitter”. Semejante confesión me causó gracia, y se lo dije. La veía como una “top model” y no frecuentando una “nursery”, a lo sumo participando en algún sofisticado “casting” cinematográfico.

Ella me miró fijo y sonrió, sin dejar de pensar que le estaba tomando el pelo. Su amigo sigue ocupado, que le parece si hacemos un “break”, me dijo sonriendo, lo que asentí solo con la cabeza. De un estante tomó un “lunch box” y de él extrajo dos enormes “sandwinchs”.

Como no había tenido la precaución de traer servilletas, utilizó los “kleenex” que tenía guardado en una de las gavetas de su escritorio. 

Casi estábamos acabando con nuestro pequeño “lunch”, cuando la puerta del despacho de mi amigo se abrió y salió él, acompañado de otras dos personas más.

Apenas ellos se fueron, me saludó efusivamente, y presentó a  la chica como su nueva “girl friend” y secretaria a la vez. Le dije que se la veía como muy eficiente, además de ser bonita. No bien terminé de decir esta frase y mi amigo lanzó una sonora y contagiosa carcajada.

Que es bonita ni se habla. Ella es una “pretty woman”, pero en el trabajo, hasta ahora, dijo mi amigo, lo único que hizo fue leer mis “comics”, despachar miles de “mails” a sus contactos, escuchar  mis  “compact”, estar todo el día “online” y enviar “post” a cuanta red social encuentre en la red. Ella conoce todo el “backstage” de los personajes “Vips” más conocidos de la ciudad.

Ella me saca de lo aburrido y estresante que es el mundo de los negocios y me hace recorrer todos los “pubs”  o “parties” que se realizan en las “Three Frontiers”. Tenemos un buen “feeling” entre ambos y por lo tanto y si no nos apuramos, y seguimos así, ya podes ir pintando el cartelito “just married”.

La chica se rió y mi amigo nos dijo que si teníamos algo de hambre, dejaría su auto en el “parking” y nos iríamos caminando hasta un nuevo restaurante “self service” que quedaba en un “shopping” cercano a la oficina. Ella lo miró fijo y le dijo que no tenía ganas de hacer “running”, que era mucho mejor que venga un “delivery” de pizza del gusto que mi amigo quisiese.

Él muy embobado y no queriendo contradecirla, asintió, no sin antes decirle que ella estaba primero en su “ranking”, pero que no abusara de ello, porque podía llegar el momento de su “fall down”. Ella rió maliciosamente como sintiéndose segura de tenerlo rendido a sus pies.

Como “my friend” no deseaba pizza y ella no quería caminar, cada uno de ellos tomó un camino distinto. La chica quedó cuidando la oficina y nosotros salimos del edificio en busca del “manager” de mi amigo. No habríamos caminado ni treinta pasos cuando, en la vidriera de uno de los tantos “shops” de Ciudad del Este, vimos a dos “gays” tomaditos de la mano.

Mi amigo y yo nos miramos algo sorprendidos. Esa no era una actitud muy común dentro de una sociedad bastante conservadora como es aún nuestra “city”. Ellos en ese momento estaban queriendo comprar ropa. Ambos tenían sus manos metidas dentro del bolsillo trasero del pantalón pero de su pareja. En un momento dado, ambos tanto jugueteaban, que hasta se les pudo ver el elástico de sus “bóxers” 

En esta oportunidad quise hacer algo diferente y como escritor, diseñé un relato, en donde coloqué, las 50 palabras en inglés, más  usadas actualmente; intercaladas con nuestro hermoso idioma castellano. Reconozco haberme divertido mucho, sin embargo, entre broma y broma, esto es parte del lento pero inexorable proceso de “desculturización” a que se encuentra expuesta nuestra gente.

Comienza atacando el lenguaje, luego las costumbres, las vestimentas, los juegos infantiles, nuestras fechas conmemorativas y como un cáncer, nos va tomando de a poco, y sin sentirlo. Para cuando queramos darnos cuenta, será muy tarde, ya nos habrá  invadido por completo.

Parece inofensivo y semeja un juego, pero no lo es. Ponernos a tono con el resto del mundo es una cosa y desnaturalizarnos es otra muy diferente. Perder nuestra esencia y olvidarnos de nuestras raíces, es lo que pretende, de una manera u otra la bendita globalización. Que no he dicho que sea mala, siempre y cuando no empecemos a saludar ridículamente a todo el mundo: “hello gente”