Rendición ante el fanatismo

Enrique Vargas Peña (foto de swordattheready.wordpress.com)

El Diccionario de la Real Academia defineley”, “Del lat. lex, legis”, como “3. f. Precepto dictado por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados”.

En el mismo sentido, en Wikipedia se lee que “La ley(del latín lex, legis) es una norma jurídica dictada por el legislador, es decir, un preceptoestablecido por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia. Su incumplimiento trae aparejada una sanción. Según el jurista panameño César Quintero, en su libro Derecho Constitucional, la ley es una “norma dictada por una autoridad pública que a todos ordena, prohíbe o permite, y a la cual todos deben obediencia”.

De las coincidentes definiciones transcriptas, se desprende fácilmente que la ley tiene vocación compulsiva y que es dictada por un poder que pretende obediencia.

De los cinco primeros libros de la Biblia; tres son de leyes directamente (Levítico, Números y Deuteronomio), uno es, en general, el relato de los castigos reservados a los desobedientes (Génesis) y otro es, en general también, el relato de los premios reservados a los obedientes (Éxodo).

Los cristianos agregaron muchos más libros, pero los más influyentes sin duda son la cartas del apóstol san Pablo a los Romanos y su Primera a los Corintios que, aunque no están escritas en términos legales, establecen marcos para normas legales como las que se plasman en el Código de Derecho Canónico, por ejemplo.

Los musulmanes extraen de los preceptos del Corán y del ejemplo de vida del Profeta Mahoma su “Sharia”, la ley islámica.

Luego, queda claro que las religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo, islamismo, en orden cronológico de aparición) no son otra cosa que instrumentos de poder.

No es accidente, no es casualidad, no es coincidencia que los agentes de estas tres religiones no busquen otra cosa que la capacidad de compeler, por cualquier medio, a la gente.

El judaísmo nació como una religión nacional, una religión de Estado. Jehová no era dios del mundo, sino el dios de Israel (Isaías, 45:3). La fuerza coercitiva de la nación hebrea imponía las leyes de ese dios a su pueblo.

El cristianismo logró conquistar el poder luego de trecientos años de incesante esfuerzo. Por eso veneran los cristianos, sin distinción entre católicos, evangélicos, ortodoxos o coptos, a san Agustín, el proponente de “La Ciudad de Dios”.

El islamismo también nació como una religión nacional, pero como el cristianismo, y al contrario del judaísmo, tiene vocación de “convertir” al mundo entero, para no dejar ningún espacio al pecado, a los infieles.

En busca de compeler, los religiosos monoteístas no andan con miramientos. Jehová en persona quitó la vida a Onán por el “delito” de derramar semen fuera de una mujer (Génesis 38:10). San Cirilo comandó el asesinato de Hypatia por el “delito” de enseñar ciencias no “divinas”.

La larga historia de terror que desde entonces escriben los creyentes no se puede resumir en pocas líneas. Pero los ejemplos son suficientes para señalar la actitud: Los católicos mataron gente mientras tuvieron oportunidad, Cayetano Ripoll se llamaba el último asesinado por el “Santo” Oficio de la Inquisición, el 31 de julio de 1826.

Sin vergüenza ninguna, nunca abolieron la Inquisición, solamente le cambiaron el nombre (“Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fé”), a la espera de próximas oportunidades.

Los musulmanes son los más activos actualmente en tratar de compeler globalmente a un mundo que olvidó la tragedia del gobierno religioso.

Ossama ben Laden no hizo el 11 de setiembre de 2001 por motivos políticos, aunque quieran ocultarlo. Lo hizo por motivos religiosos, para castigar al país que violó la tierra santa de los musulmanes.

El escritor Shalman Rushdie (“Versos Satánicos”) debe vivir escondido, desde que el 14 de febrero de 1989 el clero islámico ordenó su muerte (mediante una “fatwa”, decreto de ejecución de alcance universal) por haber escrito ese libro. La misma suerte corre la bengalí Taslima Nasrim.

Sufren la misma suerte (una fatwa que los condena a muerte) unos caricaturistas daneses que publicaron una serie de dibujos relativos al Profeta Mahoma en setiembre de 2005.

El mensaje de los religiosos islámicos es claro. No se debe hablar de ellos, pero ellos sí pueden imponer normas a los demás.

Ahora está ocurriendo lo mismo con motivo de una película de bajo presupuesto referida también a Mahoma, “Innocence of Muslims”, que ha provocado ya numerosos atentados islámicos con muertes incluidas.

Los musulmanes pretenden que se censure la película que consideran blasfema (“blasfemia. Del lat. blasphemĭa, y este del gr. βλασφημία. 1. f. Palabra injuriosa contra Dios, la Virgen o los santos”).

Los religiosos pretenden imponernos su manera de vivir y de pensar, pero cualquier crítica que les hagamos nosotros es “blasfemia”, merecedora de la pena de muerte.

Que los religiosos actúen así no es nuevo. Así han actuado desde siempre, como se ha visto. Lo que es nuevo, y peligroso, es la cobardía moral de los mandatarios de los gobiernos de Occidente, que aceptan restablecer el concepto de “blasfemia” y su consecuencia, la censura.

Si los religiosos quieren proponer sus leyes y sus formas de pensar, quedan obligados a aceptar la libertad de la gente de criticarlos y de criticar sus creencias.

Nadie tiene por qué aceptar someterse a ningún sistema de creencias sin un examen crítico. Y que conste que la sátira y el humor son parte fundamental de la crítica.

Tengo derecho a criticar y a satirizar toda creencia en cuyo nombre pretenden regular mi vida. Toda persona tiene derecho a hacerlo, es un derecho humano básico. No tenemos por qué aceptar imposiciones sin crítica, sin escrutinio, sin libertad.

Los religiosos deben dejar de matar gente por la calle; deben dejar de creer que tienen la verdad; deben empezar a respetar a los demás y los mandatarios democráticos deben defender la libertad, no la credulidad.


Publicado en la edición impresa de La Nación del domingo 16 de setiembre de 2012
 

Stalingrado

Enrique Vargas Peña

En su triunfal avance hacia el Cáucaso, dentro del territorio ruso, durante el verano de 1942, en plena II Guerra Mundial, las fuerzas alemanas llegaron a las afueras de una militarmente poco importante ciudad, Stalingrado, llamada así en honor al entonces dictador de la ahora desaparecida Unión Soviética, José Stalin.

El avance alemán había sido tan rápido que las líneas de abastecimiento de los ejércitos Cuarto Mecanizado y Sexto, dos de las más eficaces y combativas fuerzas alemanas, estaban a punto de soltarse, razón que movió a Adolfo Hitler, dictador de Alemania en aquellos días, a ordenar el desvío del empuje de la ofensiva hacia la ciudad.

Hitler consideró dos elementos para tomar esa decisión. Primero, la ya mencionada necesidad de reorganizar las líneas de abastecimiento. Segundo, consideró que, dadas las circunstancias, sería importante para la moral alemana conquistar una ciudad con el nombre de su enemigo, Stalin.

Dispuso, pues, que el Sexto Ejército girara hacia la ciudad y la conquistara, operación que se inició el 23 de agosto de 1942.

Consciente de la extensión de las líneas alemanas de abastecimiento, y por las mismas razones de prestigio en las que pensaba Hitler, Stalin ordenó defender la ciudad a cualquier costo, nombrando a uno de sus más estrechos colaboradores, Nikita Sergeyevich Khrushev, como comisario político de la resistencia.

Los alemanes se habían apoderado ya del noventa por ciento de la ciudad cuando el 19 de noviembre de 1942, el Ejército Rojo soviético lanzó su gran contraofensiva conocida como “Operación Urano”, diseñada para eludir a los alemanes pero para atacar a sus flancos, defendidos por ejércitos rumanos y húngaros.

La operación fue un éxito, pues los aliados de Hitler no pudieron resistir el embate soviético permitiendo al Ejército Rojo cercar al Sexto Ejército alemán dentro de la ciudad, cortando sus suministros.

El 2 de febrero de 1943, diezmado por el hambre, por el frío, por la falta de municiones, el hasta entonces imbatido Sexto Ejército alemán tuvo que rendirse.

Esa batalla, la “Batalla de Stalingrado”, cambió el curso de la guerra pues no solamente detuvo el avance alemán en Rusia, sino de minó irreversiblemente la moral de los ejércitos de Hitler.

Desde el triunfo de Dilma Rousseff en las elecciones brasileñas, ella y su canciller, Antonio Patriota, estuvieron ideando la manera de superar el veto paraguayo al ingreso de la dictadura que oprime a Venezuela a MERCOSUR, que Brasil requiere imperiosamente para hacer pagar a los venezolanos el mantenimiento de alguna de sus industrias clave, por ejemplo la de aviación.

Contaron en todo momento con la activa colaboración de sus satélites, Argentina y Uruguay. El presidente uruguayo, José Mujica, llegó a proponer, como se recordará, incurrir en alguna trampa jurídica que permitiera dejar de lado el veto paraguayo.

El 22 de junio de 2012, Rousseff y Patriota vieron una oportunidad para el asalto: El proceso constitucional paraguayo que destituyó a Fernando Lugo de la presidencia de nuestra República.

En lugar de respetar nuestro proceso constitucional, democrático como pocos en el mundo, como era su obligación, intervinieron abiertamente en él, desconociéndolo.

Inmediatamente impusieron a sus satélites, Argentina y Uruguay, la realización de un golpe bruto en MERCOSUR, ordenando la suspensión de nuestro país del bloque en violación flagrante del Protocolo de Ushuaia (arts. 4 y 5).

No contentos con eso, violaron después el Tratado de Asunción (art. 20) y el Protocolo de Ouro Preto (art. 37) para meter por la fuerza a la dictadura venezolana al bloque sin el consentimiento paraguayo (), () ().

Para meter a una dictadura, expulsaron a una democracia.

Además, activaron militantemente a sus agentes en Asunción, para tratar de lograr la rendición paraguaya desde adentro: Nueve senadores liberales trabajaron abiertamente para que nuestro país se rinda y acepte los brutales atropellos brasileños ().

Estos nueve, nunca deberían volver a tener ningún cargo público paraguayo.

Pero a pesar de esos agentes de Brasil, los paraguayos resistimos y nuestro Senado, a la altura de los mejores tiempos de nuestra gran República, rechazó el ingreso de la dictadura que oprime a Venezuela a MERCOSUR, dentro de todas sus potestades legítimas regladas por los tratados que, a pesar de Dilma Rousseff y Antonio Patriota, rigen al bloque.

Que conste que los nueve agentes de Brasil que integran la bancada liberal de senadores no pierden oportunidad de pedir que esa decisión enaltecedora de nuestro Senado sea revisada () ().

Paraguay está frenando así, con la decisión del Senado de rechazar el ingreso de la dictadura venezolana a MERCOSUR, la ofensiva brasileña. Ahora tenemos la oportunidad de pasar a la contraofensiva de un modo tal que el prestigio de Dilma Rousseff y Antonio Patriota se derrumbe de un modo decisivo, cambiando el curso de los acontecimientos.

Brasil reconoció esta semana que, en efecto, se enfrenta a un problema jurídico para perfeccionar el ingreso de la dictadura que oprime a  Venezuela a MERCOSUR ().

Si los paraguayos nos mantenemos firmes, si tenemos consciencia de nuestra capacidad real en esta cuestión, Dilma Rousseff y Antonio Patriota no podrán resolver el problema que, si trabajamos bien, será el mayor fiasco de su historia diplomática.

Pero nosotros no tenemos que detenernos en derrumbar el prestigio y la capacidad de maniobra de Rousseff y Patriota.

Ahora tenemos la oportunidad también de convertir ese fiasco, en una catástrofe económica para esa dupla: Podemos y debemos hacer ver a la Unión Europea que Brasil no es confiable, porque acostumbra a violar los tratados de acuerdo con sus necesidades políticas. Podemos y debemos explicar a Europa los riesgos de asociarse a Brasil. Podemos y debemos hacer que Brasil pague más, mucho más, por poder asociarse a Europa ().

Si trabajamos bien, si los agentes de Brasil entre los liberales y los demás que tiene no logran impedirlo, podemos convertir esta situación, como los rusos en 1943, en el Stalingrado de los imperialistas agresores.
 
Publicado en la edición impresa de La Nación del domingo 09 de setiembre de 2012

Brasil y Lugo preparan un golpe (II)

Enrique Vargas Peña (foto de unosantafe.com.ar)

El pasado 15 de julio de 2012 me publicaron en este mismo espacio un artículo bajo el título “Brasil y Lugo preparan un golpe”, en el que afirmé que “Desde el 22 de junio de 2012…Brasil decidió no reconocer el proceso constitucional autónomo de Paraguay e impuso a sus aliados de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) la política de desconocer la autodeterminación paraguaya.”

Y concluía señalando que “Se observa fácilmente que Brasil se niega a respetar a la democracia paraguaya buscando reconocer un verdadero golpe de Estado, quebrando el proceso constitucional paraguayo y disolviendo sus instituciones centrales” ().

Entre esa fecha y hoy, Brasil elevó su apuesta y, con la colaboración militante de los grupos marxistas liderados por el ex presidente Fernando Lugo, está poniendo todo el enorme peso de su influencia internacional en intentar deslegitimar nada menos que el proceso electoral paraguayo que culminará en las elecciones generales del 21 de abril de 2013.

Los brasileños y sus satélites de UNASUR buscan, con eso, negar reconocimiento a todos los mandatarios del pueblo paraguayo que vayan a ser elegidos y que empezarán a administrar nuestra República entre el 1 de julio y el 15 de agosto de 2013.

El objetivo es debilitar la posición paraguaya hasta lograr hacer lo que Brasil siempre hizo contra nuestro país: Imponer sus intereses, sacrificando el interés nacional paraguayo.

El 13 de agosto, los satélites de Brasil agrupados en UNASUR, se atrevieron a emitir un “informe” sobre nuestro Paraguay en base a datos recabados “por las diferentes embajadas sobre la situación en Paraguay” (que) “muestra una normalidad económica, y a su vez denuncias por la violación de libertades políticas y derechos humanos”.

El presidente del comité de los satélites brasileños que “informa” sobre Paraguay es el peruano Salomón Lerner, quien aclaró el día anterior de qué embajadas estaba hablando: “las evaluaciones se realizarán a través de las diferentes embajadas acreditadas todavía en Paraguay ya que UNASUR aún no mantiene contacto alguno con el actual Gobierno de Federico Franco”.

Es decir, las embajadas cuyos datos sirven de base al “informe” de UNASUR, son las que quedaron a nivel de encargados de negocios y agregados de prensa en nuestro país, que no entrevistaron a nadie en Paraguay, salvo a los jefes de los grupos marxistas liderados por Fernando Lugo. Se observa fácilmente la objetividad y la profundidad que puede tener tal “informe”.

Pero eso no es lo importante, pues nadie mínimamente informado duda de que UNASUR se limita simplemente a obedecer las instrucciones de Brasil. Lo importante es “la decisión” (del mencionado comité) “de…velar por un proceso electoral democrático y transparente”, demandando que “los comicios sean equitativos, que se respeten las libertades políticas, los derechos humanos, la libre expresión, el derecho a reunión de los distintos partidos políticos y que el tribunal electoral respete a todos los participantes”.

Esas palabras, con las que nadie puede estar en desacuerdo, esconden sin embargo lo que ya está anunciando Lugo, el líder de los marxistas, a través de la agencia cubana “Prensa Latina”: “El destituido presidente paraguayo, Fernando Lugo, subrayó hoy la falta de garantías para unas elecciones libres y transparentes en el país bajo un gobierno golpista. En un mensaje a la ciudadanía, planteó que aunque hay quienes piensan la realización de comicios como una solución al golpe de Estado perpetrado el pasado mes de junio, él cree en la existencia de otros caminos para lograr el retorno de la institucionalidad democrática”.

Fernando Lugo “cree en la existencia de otros caminos” (que no son las elecciones convocadas por el Superior Tribunal de Justicia Electoral) “para lograr el retorno de la institucionalidad democrática” ().

Para comprender cabalmente el alcance de estas declaraciones de Lugo y de Brasil y sus satélites, es necesario saber qué entiende UNASUR por “verificación” de elecciones.

El 22 de agosto UNASUR firmó un acuerdo con los administradores electorales de Venezuela, denominado “acompañamiento electoral”, que consiste en “presenciar el proceso electoral, dentro del marco del respeto, solidaridad y cooperación, para la generación de conocimientos y experiencias en materia electoral, a favor de los organismos electorales de los Estados miembros de UNASUR”.

Los “acompañantes electorales” de UNASUR podrán elaborar “un informe después conocidos los resultados de la votación, donde se consignaran las sugerencias y recomendaciones que promuevan la generación de conocimientos y la divulgación de buenas prácticas en materia electoral en el país anfitrión”.

El acuerdo del 22 de agosto entre UNASUR y Venezuela incluye el reconocimiento explícito de la vigencia del artículo 484 de la Ley Orgánica de Procesos Electorales de Venezuela, que dispone que “las misiones internacionales” (de observación) “no podrán emitir opiniones sobre asuntos internos, difundir resultados electorales parciales de la elección, ni persuadir al electorado a través de pronunciamientos públicos”.

Esto permite constatar dos cosas muy notorias.

La primera es que ese “acompañamiento electoral” de UNASUR pretende, en realidad, encubrir que las elecciones venezolanas del 7 de octubre no tendrán observación electoral digna de ese nombre: No estarán la Organización de Estados Americanos (OEA), ni la Unión Europea, ni la Fundación Carter, que sí hacen observaciones y llamados de atención.

Pero UNASUR y Lugo, que convalidarán el proceso electoral de la dictadura venezolana, sí se atreven a discutir la legitimidad de las misiones de observación de la OEA, de la Unión Europea, de la Fundación Carter para Paraguay.

Simplemente hay que recordar el desprecio de Lugo hacia la misión de la OEA ().

La segunda es que los “acompañamientos electorales” de UNASUR solamente sirven para convalidar los resultados que ese grupo estime convenientes, léase los resultados que a Brasil le convengan.

Nadie debe olvidar que Luiz Inacio Lula Da Silva, el más importante líder político en el actual gobierno brasileño, interviene activamente en la campaña venezolana a favor del perpetuo Hugo Chávez.

Brasil legitimará la reelección de Chávez a pesar del fraude preelectoral usando a UNASUR. Y usando a UNASUR y a Lugo, Brasil deslegitimará las elecciones paraguayas. 
 
 
Publicado en la edición impresa de La Nación el 02 de setiembre de 2012

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