El Servicio Militar Obligatorio

Enrique Vargas Peña (foto de lanacion.com.py)

Un justificado revuelo (“3. m. Turbación y movimiento confuso de algunas cosas”) causó la disposición emanada del Gral. Migdonio Godoy, director de la oficina de Reclutamiento de Fuerzas Militares (FFMM), por la que se recordó a algunas empresas privadas la vigencia de una antigua ley, la 569/75, que impone como requisito para acceder a un contrato de trabajo el cumplimiento del servicio militar o de sus sustitutos.

El impacto fue tan negativo que el viernes a la tarde el gobierno se vio obligado a dejar sin efecto la disposición del Gral. Godoy, pero eso no debería, a mi modo de ver, evitar el debate sobre la existencia misma del Servicio Militar Obligatorio.

En la historia existe una línea pendular que va del servicio militar obligatorio al servicio militar profesional que muestra que uno y otro son convenientes en circunstancias determinadas y no para cualquier circunstancia.

La legión romana, tal vez la más perdurable y exitosa maquinaria militar de la historia, se basó, desde sus orígenes, entre los años 700 y 500 antes de Cristo, hasta la reforma militar de Cayo Mario (año 107 antes de Cristo), en el servicio militar obligatorio.

La convicción republicana de sus integrantes llegó a ser el elemento articulador principal de esa legión, lo que hoy llamaríamos la “moral” de las tropas.

A partir de ese año y hasta su conversión en otro sistema a partir de la reforma militar de Constantino V (año 745 después de Cristo), la legión fue un ejército de profesionales bien pagados.

Como el imperio no era lo mismo para el provinciano que para el ciudadano, la convicción republicana no podía ya ser usada como galvanizador.

En Europa, tras la caída del Imperio Romano de Occidente, en 476 de la era cristiana, los ejércitos se organizaron sobre el servicio militar obligatorio, tal vez una forma impropia de denominar al reclutamiento forzado que imponían los señores feudales a los pueblos sometidos a ellos.

No había convicción “moral” en el recluta, él sufría solamente amenaza y miedo.

Así se mantuvo, en general, hasta la aparición de los “condottieri” durante el siglo XV, que modificaron el servicio militar profesionalizándolo totalmente hasta bien entrado el siglo XVII.

Los ejércitos de las grandes monarquías constituidas entonces se organizaron sobre una combinación de soldados profesionales y reclutamiento feudal.

El servicio militar obligatorio tal como lo conocemos hoy fue organizado por Lazare Carnot, miembro del célebre Comité de Salvación Pública de la Revolución Francesa, para hacer frente a la invasión de los ejércitos profesionales monárquicos del Duque de Brunswick (Carlos Guillermo Ferdinando Fürst y Herzog de Braunschweig-Wolfenbüttel) iniciada en 1792.

La Revolución Francesa produjo en los ciudadanos, después de veinte siglos, el mismo tipo de “moral” que cohesionaba a la legión romana original.

Y, además, Carnot tuvo la enorme suerte de lograr que sus reclutados terminaran bajo la dirección del mayor genio militar de la historia, Napoleón Bonaparte, que condujo a sus ejércitos de victoria en victoria hasta chocar con el desastre en Waterloo, el 18 de junio de 1815.

Pero el brillo inmarcesible de la victoria de Austerlitz, el 2 de diciembre de 1805, brindó al servicio militar obligatorio de Carnot un prestigio tal que todo país medianamente serio optó, a partir de entonces, por copiar el sistema francés y establecer la obligatoriedad del servicio militar.

Con ejércitos basados en el servicio militar obligatorio pues, se enfrentaron las grandes potencias de la Tierra en la Primera y en la Segunda guerras mundiales y así fueron a Indochina (Vietnam, Camboya, Laos), donde la cosa empezó a ponerse en duda tras la rendición francesa en Dien Bien Phu, el 7 de mayo de 1954.

La Segunda Guerra Mundial consolidó el imperio de la tecnología en la estrategia militar. En Dien Bien Phu, dos elementos fueron decisivos para la derrota francesa, el genio militar de Nguyen Giap, comandante vietnamita, y la utilización del lanzamisiles “Katyusha”.

Los “Katyusha” fueron creados para el Ejército Rojo de la Unión Soviética en 1941, para hacer frente al ataque alemán, y fueron decisivos en la derrota de los ejércitos alemanes de tierra, pero en Dien Bien Phu confirmaron absolutamente que sin acabado manejo de la tecnología no habría ya, en el futuro, ninguna chance de victoria militar.

Poco a poco, las mayores potencias militares del planeta fueron cambiando. El Reino Unido abolió el servicio militar obligatorio el 4 de abril de 1957.

Fue en Indochina misma, diez años después, que el servicio militar obligatorio confirmó sus debilidades estructurales ante las nuevas realidades estratégicas al mando militar norteamericano: El soldado reclutado obligadamente no podía garantizar el buen manejo de la tecnología, ni el mantenimiento de la “moral”.

El ser humano obligado a matar a otro ser humano, debe estar muy convencido de que su causa es justa para hacerlo. Sin esa convicción, no hay “moral” en los ejércitos.

El caso de Israel, cuyo formidable servicio de defensa, “Tzahal”, se basa en el servicio militar obligatorio, es muy particular, totalmente excepcional, por esa misma razón: La amenaza perenne de extinción que pende sobre el Estado de Israel y la memoria viva de los horrores del Holocausto, proporcionan a los israelíes (excepto a los religiosos, claro) un sentido de “moral” que ninguna otra sociedad podría igualar y que explica su eficacia sin igual.

El más importante estudio científico hasta la fecha de su publicación sobre la utilidad del servicio militar obligatorio fue ordenado por el presidente norteamericano Richard Nixon (la Comisión Gates). Como resultado, el 27 de enero de 1973, Estados Unidos abolió también el servicio militar obligatorio, aunque mantiene un registro obligatorio de ciudadanos en edad de servir.

Las guerras posteriores (Atlántico Sur -1982-, I del Golfo -1991- y II del Golfo -2003-) confirmaron totalmente que en las actuales condiciones tecnológicas y sociales, el servicio militar obligatorio no sirve para una eficaz defensa y que unas Fuerzas Armadas competentes deben estructurarse sobre profesionales voluntarios.
 
Artículo publicado en la edición impresa de La Nación del 26 de agosto de 2012

El senador Saguier y la bancada del PLRA

Enrique Vargas Peña (foto de ultimahora.com)

El viernes, 17 de agosto, le realicé una notable entrevista el senador Miguel Ángel González Erico, líder de la bancada del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) en el Senado, referida a la posición de los liberales con respecto al protocolo de adhesión de Venezuela a MERCOSUR.

Entrevisté a González Erico porque el presidente del Senado, Jorge Oviedo Matto, está ratificando por todos los medios que este jueves, 23 de agosto, el tema será finalmente tratado () por la Cámara Alta.

El pasado domingo, 12 de agosto, indiqué los hechos por los que es indispensable para la defensa de los intereses paraguayos que el Senado rechace sin más dilaciones el protocolo venezolano y los hechos por los que dilatar el rechazo solamente favorece a los intereses brasileños () perjudicando irreversiblemente a nuestro Paraguay.

El martes, 14 de agosto, el presidente de la República, Federico Franco, tuvo la gentileza de concederme una entrevista en la que abordamos largamente el tema. El primer mandatario dejó en claro que no se siente en posición de salir de MERCOSUR, pero admitió taxativa y expresamente esos hechos mencionados, que le recordé ().

Sin embargo, aunque los ciudadanos y el Poder Ejecutivo conocemos los hechos por los que es fundamental rechazar el protocolo de adhesión de Venezuela a MERCOSUR, el senador González Erico insistió el viernes en que la bancada de senadores del PLRA buscará seguir postergando el tratamiento del mismo.

Argumentó para ello que espera indicaciones de la cancillería por ser el PLRA la fuerza gubernista en el Congreso.

Pero el canciller, José Félix Fernández Estigarribia, a su vez, me había dicho el viernes 10 de agosto que la cancillería delegaba la decisión en el Congreso.

Por lo que hablé con el presidente Franco, creo que el canciller dijo la verdad y que el senador González Erico buscó ocultar el hecho de que la bancada de senadores del PLRA tiene una agenda diferente: Es la bancada de senadores del PLRA la que pretende beneficiar a Brasil con la postergación del rechazo del protocolo venezolano.

Esto se constata fácilmente al leer los pretextos que aduce el senador Miguel Abdón Saguier (): “El senador liberal, Miguel Abdón Saguier, indicó que su bancada insistirá en la reunión de la mesa directiva el próximo lunes para que no se trate el tema. Se mantiene en su postura de que el asunto debe definirse luego de las elecciones en Venezuela, previstas para el 7 de octubre. ‘No es una cuestión de capricho sino sencillamente tengo la presunción de que podría presentarse un nuevo panorama’, manifestó”.

Es lo que el mismo senador Saguier me había dicho ya el martes 14 de agosto.

Conviene subrayar algunos elementos de estos pretextos, para hacer notar que son eso, pretextos (“del lat. praetextus.1.m. Motivo o causa simulada o aparente que se alega para hacer algo o para excusarse de no haberlo ejecutado”).

El primer pretexto es que tratar el protocolo de adhesión de Venezuela a MERCOSUR tiene que ver con la situación interna del país caribeño.

El senador Saguier no se ha molestado en explicarle al país en qué puede modificar la hipotética elección de Enrique Capriles como presidente de Venezuela las violaciones de los tratados y protocolos que regulan MERCOSUR producidas el 28 y 29 de junio en Mendoza, Argentina, con las que Brasil impuso la incorporación de Venezuela al bloque.

Una victoria electoral de Capriles en Venezuela no modifica, no cambia, no revierte las violaciones del artículo 20 del Tratado de Asunción, del artículo 37 del protocolo de Ouro Preto y, muchísimo menos, las violaciones de los artículos 4 y 5 del protocolo de Ushuaia mediante las cuales Brasil nos convirtió en socio de segunda clase del bloque e impuso la presencia de Venezuela en el mismo.

No las revierte en ningún aspecto, en ningún grado.

El senador Saguier no se ha molestado en explicar esto. Ni él, ni senador liberal alguno.

Pero además, el senador Saguier solamente tiene la presunción (“Del lat. praesumptĭo, -ōnis. 1.f. Acción y efecto de presumir: Del lat. praesumĕre. 1.tr. Sospechar, juzgar o conjeturar algo por tener indicios o señales para ello”). Dice que “No es una cuestión de capricho sino sencillamente tengo la presunción de que podría presentarse un nuevo panorama”.

Es decir, el senador Saguier pretende que nuestra República postergue el tratamiento del protocolo de adhesión de Venezuela a MERCOSUR sin explicar en qué podría una eventual victoria de Capriles cambiar la violación de las normas del bloque por parte de Brasil y en base a una mera presunción suya, totalmente gratuita y, permítanme decirlo, totalmente absurda.

Y en ese camino sin fundamentos, lo acompaña la bancada de senadores del PLRA.

Los abogados que litigan en los tribunales dicen que cuando una resolución judicial se toma sin que sea consecuencia del desarrollo lógico del caso, es porque elementos extraños torcieron el entendimiento de los jueces. Y tienen razón.

La bancada del PLRA en el Senado está siendo funcional a los intereses de Brasil y para desmentir eso no alcanzará que Miguel Abdón Saguier grite, se rasgue las vestiduras o insulte y desprecie.

Lo único que tiene que hacer para desmentirme y dejarme en ridículo es explicar en qué incidiría una victoria de Capriles en Venezuela para modificar las violaciones cometidas por Brasil a las normas de MERCOSUR y cómo podría nuestro Paraguay aceptar ahora a Venezuela en las condiciones exigidas por Brasil () () (), sin quedar convertido en socio de segunda categoría.

Si explica ambas cosas, el senador Saguier estará contribuyendo enormemente con un debate que es fundamental para que podamos saber si el PLRA merece o no ser votado nuevamente el 21 de abril de 2013.
Publicado en la edición impresa de La Nación del 19 de agosto de 2012

Protocolo de adhesión de Venezuela

Enrique Vargas Peña (foto de patriagrande.com.ve)

El viernes a media mañana entrevisté al canciller José Félix Fernández Estigarribia, quien con su proverbial amabilidad respondió a mis críticas sobre la situación del tratamiento en el Senado del protocolo de adhesión de Venezuela a MERCOSUR.

El canciller coincidió conmigo en que el tratamiento del protocolo tiene un componente que constituye parte de la defensa que Paraguay debe hacer de la vigencia del Derecho en MERCOSUR. Agregó que, a su juicio, también mantiene otro, referido a la situación venezolana.
Le dije al ministro Fernández Estigarribia que este otro elemento referido específicamente a Venezuela, es absolutamente secundario a mi modo de ver, marginal, irrelevante, pues la obligación inmediata del gobierno constitucional paraguayo es hacer todo lo que esté a su alcance para restablecer la vigencia del Derecho en MERCOSUR.
El Derecho está suspendido en MERCOSUR, ha sido reemplazado por la razón política (), () ().
Brasil está imponiendo a Venezuela en MERCOSUR por la fuerza y violando todas las normas regulatorias al respecto. Luego, defender las normas en el caso venezolano es la única manera que tiene Paraguay de dejar a salvo la vigencia del Derecho en el bloque.
Y esto se puede hacer solamente siguiendo los pasos establecidos en los tratados, protocolos y acuerdos, los cuales exigen que el Senado de nuestra República trate el ingreso de Venezuela a MERCOSUR.
Se observa fácilmente pues que el tratamiento en el Senado paraguayo del protocolo de adhesión de Venezuela a MERCOSUR ya no tiene que ver con Venezuela, sino con la vigencia del Derecho en MERCOSUR.
Esto es igualmente cierto incluso si el presidente de Venezuela es Enrique Capriles o Mongo Aurelio. Esto nada tiene que ver con Hugo Chávez, ni con las características del régimen venezolano. Tiene que ver con la vigencia, o no, del Derecho en MERCOSUR.
Sin el Derecho, Paraguay no es igual a Brasil, sino más pequeño, mucho más pequeño. No hace falta ser Talleyrand o Kissinger para notar que la sexta economía del mundo (Brasil) tiene más, mucho más, peso político que la ciento y algo (Paraguay). Sin el Derecho, MERCOSUR no es una sociedad de iguales, sino un grupo de satélites girando alrededor de Brasil, un gigante mundial.
El gobierno paraguayo no tiene facultades para aceptar esa situación porque se lo impide expresamente el Artículo 143 de nuestra Constitución: “La República del Paraguay, en sus relaciones internacionales…se ajusta a los siguientes principios: 1. La Independencia Nacional; 2. La autodeterminación de los pueblos; 3. La igualdad jurídica entre los Estados”.
Estar en MERCOSUR sin la plena vigencia del Derecho admite la desigualdad de los Estados; limita la autodeterminación del pueblo paraguayo al obligarlo a someterse a un país mayor y, aunque los senadores intenten mirar para otro lado, destruye la Independencia Nacional pues ya no resolvemos nosotros nuestro destino.
Seguir en MERCOSUR sin la plena vigencia del Derecho es una violación grave de nuestra Constitución.
Me explicó el canciller que mañana lunes, 13 de agosto, concurrirá al Senado para exponer su parecer sobre los elementos que hacen a la cuestión del protocolo de adhesión de Venezuela a MERCOSUR.
Hay tres opciones sobre la mesa: La primera es postergar indefinidamente el tratamiento del protocolo; la segunda es aprobarlo y la tercera es rechazarlo.
Postergar el tratamiento del protocolo implica mantener a Paraguay degradado en MERCOSUR, porque impide una definición y prolonga el vigente status quo según el cual estamos obligados por MERCOSUR pero sin derechos hasta que cambiemos de gobierno.
Esta es la situación que Brasil desea porque evita que Paraguay rechace jurídicamente la violación de los tratados, acuerdos y protocolos realizada para imponer la presencia venezolana en MERCOSUR.
Si Paraguay no rechaza explícitamente la violación del Derecho, esta se consolida por el mero paso del tiempo y la posición hegemónica de Brasil se consagra por un reconocimiento fáctico, lo que Brasil necesita imperiosamente para sus negociaciones con la Unión Europea y por un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Ruego que me desmientan, ruego que me refuten. Por favor.
Los partidarios de permanecer en MERCOSUR a pesar de que en el bloque ya no rige el Derecho, están haciendo todo lo que está a su alcance para postergar el tratamiento del protocolo () sirviendo a los intereses brasileños.
La postergación del tratamiento del protocolo venezolano les permite, además, disimular que son funcionales a Brasil con el argumento de que lo único que ellos pidieron es “no apurarnos”, como si en MERCOSUR no estuvieran produciendo sin nosotros nuevas normas que afectarán decisivamente a Paraguay, como por ejemplo la “corrección” en detrimento de Paraguay de los protocolos que garantizaban la igualdad jurídica ().
La postergación del tratamiento del protocolo de adhesión de Venezuela a MERCOSUR beneficia a Brasil y a sus satélites. No a Paraguay. Luego, trabajar a favor de tal postergación es ser funcional a Brasil.
La segunda opción, aprobar el protocolo de adhesión de Venezuela a MERCOSUR es inane (“Del lat. inānis. 1.adj.Vano, fútil, inútil”) porque, a todos los efectos prácticos, Brasil ya impuso a Venezuela al bloque, Venezuela ya está en MERCOSUR y, por tanto, esta opción no contribuye a defender los derechos paraguayos en el bloque. Los funcionales a Brasil no la tomarán porque les dejará en evidencia.
Para producir efectos jurídicos, y para producir efectos políticos en defensa del restablecimiento del Derecho en MERCOSUR, Paraguay debe rechazar el protocolo de adhesión de Venezuela a MERCOSUR -ver revelador penúltimo párrafo de ()-.
El rechazo del protocolo enviará la siguiente señal: Paraguay no aceptará jamás un MERCOSUR sin Derecho; Paraguay jamás aceptará ser desigual y menor en ningún bloque y MERCOSUR sin Derecho no es confiable para nadie, ni para Europa, ni para el mundo.
En manos de los senadores está decidir entre servir a Paraguay o servir a Brasil.
Publicado en la edición impresa de La Nación del 12 de agosto de 2012