“PORTILLEANDO” MENTIRAS

Como la mayoría de los grandes descubrimientos, estos siempre se realizan por simple casualidad y por lo general provocan una buena sacudida en todos los círculos de la sociedad. 


Estos acontecimientos a veces son realmente positivos, pero en otros casos demuestran cuan enferma se encuentran los habitantes de un país. 

Tal es el revuelo que ha promovido, el ahora muy conocido Diputado Nacional por Alto Paraná, Carlos Portillo. 

Todo comenzó de forma sumamente inocente en la red social Facebook, hasta que en un momento dado, del simple intercambio de comentarios se convirtió rápidamente en un tiroteo verbal, pasando finalmente a un incendio de grandes proporciones. 

Todo se centró alrededor de la figura del Diputado Nacional perteneciente al Partido Liberal Carlos Portillo, quien por un acto de total arrogancia, se puso a ostentar en dicha red, sus ya famosos “siete títulos” universitarios.

Pero fue su deplorable ortografía, lo que causó un colosal revuelo en las redes sociales, donde prevaleció la burla, la ironía y todo tipo de broma relacionada con su analfabetismo funcional y tocándole a los pobres burros, de rebote, aunque estos no tengan nada que ver con la ignorancia de algunos de los parlamentarios, que por desgracia, no nos representan. 

En realidad todo se disparó cuando Carlos Portillo, en un acto de total arrogancia y soberbia, afirmó contar en su haber, con siete títulos universitarios. Y que ellos figuraban en su Curriculum Vitae, el cual podía ser observado en la página web de la Cámara. 
Sin embargo los que pudieron leer sus comentarios, en su página de Facebook, comenzaron a compartir, a sus respectivos contactos, los groseros horrores ortográficos. 
El chisme sobre la forma tan espantosa de escribir del diputado, que decía tener siete títulos, corrieron como reguero de pólvora y en cuestión de pocas horas, las redes se saturaron de fotos arregladas con el “photoshop”, del diputado, y que ostentaban pesadas y groseras bromas. 
Al parecer estas críticas tan ácidas hicieron mella en el parlamentario, por lo que decidió eliminar su cuenta del Facebook. Del mismo modo que pidió que su hoja de vida fuera removida de la página web de Diputados. 
Pero el barullo no terminó ahí, ya que el desconocido diputado del interior ganó rápidamente popularidad a nivel nacional, siendo la figura de la semana en todos los titulares de las primeras planas de diarios y noticieros televisivos. 
Es así que los diferentes medios comenzaron a escarbar, no demasiado profundo, ya que la verdad muy pronto salió a la superficie. 
Carlos Portillo había mentido sobre sus famosos“siete títulos”. Los primeros en salir al paso fueron las autoridades de la UTIC y la UTCD de Ciudad del Este, quienes le comentaron a la prensa, que dos de las carreras mencionadas por Carlos Portillo, no existían en dichas instituciones. 
Por lo que rápidamente se podía deducir que dicho parlamentario había adulterado los datos sobre su formación académica. 
La responsable de la UTIC afirmó que solo pudo culminar la carrera de Derecho, ya que lo había hecho el probatorio y su primer curso en la Universidad Nacional del Este. 
También se supo que se recibió de abogado en el año 2004; luego cursó un postgrado en Didáctica Universitaria, por espacio de 11 meses. 
Mientras que la licenciatura en Ciencias Políticas que según dice, la obtuvo en el 2002, llegando a lograr una mención de honor con medalla de oro, como mejor egresado de su promoción. 
La carrera de Escribanía y Notariado Público también figuraba en su curriculum de la web de Diputados. Ante la avalancha de burlas, le encargó a un secretario para que la hiciera borrar definitivamente de dicha página.
Ninguna de estas dos carreras existen, en las sedes de Ciudad del Este, tanto de la UTIC como UTCD. 
Antes que Portillo borrara sus “carreras” de la web, se podía leer que el legislador contaba con una licenciatura en Ciencias Políticas, el título de abogado y una maestría y doctorado en Derecho. 
También figura un postgrado en Didáctica Superior Universitaria y el título de Escribanía y Notariado. Por si fuera poco aparece una licenciatura en Ciencias Ambientales y un título de Ingeniero Ambiental, todas cursadas en facultades de Ciudad del Este. 
A posterior, una autoridad competente de la UNINORTE, con sede en Ciudad del Este, le confirmó a un medio, que Carlos Portillo tampoco había realizado ningún doctorado ni cualquier otro posgrado en esa casa de estudios. 
Un dato interesante a tener en cuenta, es que, en su extracto académico de la Universidad Nacional del Este (UNE), en la carrera de Derecho, aparece que obtuvo en 16 oportunidades la calificación de uno (01) durante los tres primeros años de estudio, en dicha casa. 
En cuanto a su particular forma de expresarse, se puede observar a simple vista que su pobrísimo vocabulario mantiene una formidable pelea con la gramática y ortografía, cosa bastante común en la mayoría de los alumnos de todas las carreras universitarias. 
Lo lamentable del caso, es que eso se arrastra desde el ciclo primario y el secundario. 
Aún así, el mismo tiene a su cargo la cátedra de Derecho Penal, en la UNINORTE de Ciudad del Este. 
Sin embargo, a pesar que figura en su sistema como docente, el mismo no dicta clases actualmente. 
Además, el representante de Alto Paraná en la Cámara Baja, generó un anterior escándalo en las redes sociales, debido por su viaje a “Cartagena de India (sic)”, en Colombia, para una capacitación en cuanto a comunicación proselitista. 
Cosa que sus seguidores se preguntan en que los beneficia, haber pagado algo sin recibir absolutamente nada a cambio.  
En resumen, que lo sancionen o pidan su desafuero no soluciona el problema de fondo, que es la mala calidad de los representantes que tenemos en el Congreso. Carlos Portillo simboliza todo lo que el votante odia, a los mentirosos contumaces, manipuladores de la opinión, aprovechadores de su poder, en función de su propio beneficio personal. 
Egoístas que toman su puesto como botín de guerra, buscando catapultarse hacia cargos más altos y así perpetuarse en el poder, pero nunca, por desgracia, pensando en el bienestar de quienes ellos representan. 

JUSTICIA POR MANO PROPIA (La venganza de las víctimas)

Actualmente nuestro vecino, Argentina, se está dando un fenómeno muy interesante de analizar, que no es nuevo, pero que sí se da en ciertas situaciones límites y cuanto los estamentos del Estado, destinado a tal efecto, no cumplen con efectividad su función específica. 

Estoy refiriéndome al mismo acto de linchamiento por parte de los vecinos de un barrio, cuando encuentran “infraganti”, a un delincuente. 

Este es un tema sumamente delicado e inclusive con implicancias religiosas, políticas, éticas y jurídicas entre otras. Por eso se lo debe tratar con cuidado para no herir susceptibilidades, sin embargo aquí, se superponen intereses de quien escribe este humilde comentario, por lo que de ninguna manera las siguientes líneas puede llegar a ser totalmente imparcial. 
Todos alguna vez hemos sido asaltados, por uno o más delincuentes, y un hecho así, tan puntual, no es algo que se pueda olvidar tan fácilmente, al contrario, las secuelas que esto conlleva trae perturbaciones mentales pasajeras o crónicas, dependiendo de la violencia sufrida durante el atraco. 
Muchas personas solamente la podrán superar con la ayuda profesional de un psicólogo. 
Algunos simplemente lo toman como una anécdota más en su vida y otros, muy impresionados y con un temor que los atenaza a sus casas, donde se encierran bajo cuatro llaves y por nada del mundo quieren abandonarla. 
Lo que más molesta es esa maldita sensación de encontrarse totalmente indefenso e impotente ante un haragán que en vez de ir a buscar trabajo, opta por lo más fácil; sacarle algo a un ocasional transeúnte, que sí ha trabajado mucho tiempo para conseguir algo que deseaba o necesitaba. 
El general argentino Manuel Belgrano dijo sabiamente, en cierta ocasión que: “El modo de contener el delito y fomentar las virtudes es castigar al delincuente y proteger al inocente”. Mientras tanto, es una cuestión de tiempo que aquella moda sea traída a estas queridas tierras, donde las condiciones básicas son muy similares a las de nuestro vecino. 
Aquí, en Paraguay, cientos de malhechores delinquen diariamente, saturando completamente a la fuerza policial, las cárceles rebasan sus posibilidades edilicias en un 500 %. 
Por lo que es común otorgarles prisión domiciliaria o penas leves a los que no tienen dinero y a los que sí, es posible que entren por una puerta y salgan sencillamente por la otra. 
La inseguridad provoca un temor tan grande, en la población, que las casas ahora se han parapetado detrás de pesadas y gruesas rejas. 
No contento con esto, los dueños han llenado sus hogares de porteros eléctricos, cámaras de seguridad, sensores de movimiento, perros grandes con dientes enormes y poco amistosos. 
Guardia de seguridad, armado hasta los dientes, las 24 horas del día, luz de emergencia con llamado automático a diez direcciones. 
No siempre en la casa se obtiene toda la seguridad deseada, ya que hubo muchos casos en que los delincuentes, atraídos por la música y el bullicio de algún acontecimiento, entraban a la vivienda y para sorpresa de todos, los “desplumaban” todos sin piedad. 
La cantidad infinitas de modalidades que otorga la delincuencia, ha hecho casi imposible salir a la calle. 
Si no lo atraca un “motochorro”, es factible que sea atrapado en algún solitario cajero automático. 
Si bien el secuestro “express” hoy ha caído en desuso, como todas las modas, bien puede ser que vuelva en el momento menos esperado. 
Desde los rateros nocturnos que entran furtivamente en los patios para llevarse cualquier cosa que puedan vender, pasando por los osados “caballos locos”, que trabajan en la modalidad del arrebato, los “carteristas” que invaden los colectivos urbanos, especialmente en los horarios pico. 
Mujeres bien vestidas que entran a determinados negocios y mientras una distrae a la vendedora la otra sustrae ropa, celulares o cualquier cosa de valor que sea vendible fácilmente. 
Niños de la calle, algo ya creciditos, que a punta de cuchillo despojan a víctimas desprevenidas en lugares solitarios. 
Pseudos vendedores o limpiadores de vidrios de autos, que aprovechan los semáforos en rojo, para atracar a los desprevenidos conductores que tienen bajas las ventanillas de sus vehículos. 
Todos estos actos son los que generan violencia, en la memoria de la gente común, y que se van acumulando especialmente cuando estos hechos se tornan reiterativos. Ellos hacen que el pueblo deje de ser pasivo y estalle con innegable furia. 
Cuando en un momento dado me preguntaron que opinaba sobre esto, yo les respondí que: “LA JUSTICIA POR MANO PROPIA NACE CUANDO LA JUSTICIA NO HACE JUSTICIA”. 
No siempre los asaltos terminan solo en eso, es decir en un simple robo. Por desgracia muchos delincuentes por ser primerizos en sus andanzas, se exceden en la violencia hacia la víctima, aún teniéndola reducida. Sus nervios y miedos no siempre son atenuados por las drogas o estupefacientes consumidos previos al verdadero incidente. 
Todo sucede de esta manera hasta que la pasividad o el temor de la gente se transforma en furia ante tanta impunidad reinante, por parte quienes deberían impartir justicia. 
Como a esta no se la puede palpar, entonces la gente acorralada por tanto miedo, comienza a actuar con dureza, dando rienda suelta a toda la rabia reprimida por tanto tiempo. Hasta un ratón acorralado actúa como un león cuando ve su integridad en peligro. 
Nunca he sido partidario de la violencia, y no voy a comenzar precisamente a esta altura de mi vida. Siempre he pensado que con ella solo se genera mucho más violencia y la Historia lo ha probado cientos de veces, ya que el resultado es peor que la misma enfermedad. 
Sin embargo, una buena paliza otorgada cuando el delincuente es atrapado me resulta totalmente satisfactoria como un interesante método de disuasión ante futuros ataques. 
Lamento que todos aquellos inútiles defensores de los DDHH me contradigan, pero estoy cansado de verlos defender a los delincuentes en menosprecio de las indefensas víctimas. Al final de cuentas también es una forma de hacer Justicia. 

ES MÁS FÁCIL CONSEGUIR UN ARMA DE FUEGO QUE UNA ASPIRINA

Luego de cada una de las espectaculares masacres, que ocurren cada tanto en los Estados Unidos, de esas que arrojan una impresionante cantidad de muertos y heridos, se desata una áspera polémica en toda la sociedad, provocando un necesario y profundo análisis. 

Desde ya que un suceso de este tipo, sacude hasta la raíz misma de toda la colectividad y la sensibiliza, imponiéndole hacer también un severo replanteo sobre cual es el tipo de sociedad que se pretende tener. Lo preocupante del tema es que casi siempre, su autor, es una persona totalmente perturbada mentalmente y nadie lo ha advertido. 

El hecho es muy grave, porque de lo inusual ha pasado a ser esporádico, lo que nos demuestra que estamos generando, sin darnos cuenta, gente enferma que se reprime o la reprimen y que cuando sus emociones estallan, recurre a la violencia como solución a sus problemas. 

Lo triste del caso es que estas personas han pasado todos los controles, tanto escolares, universitarios, laborales y nadie ha notado que interiormente es un ser totalmente enfermo. 

En el caso de nuestro país, es fundamental prevenir que un acontecimiento de similares características, pueda acontecer. Sin embargo nuestras carencias son tan grandes que este tema pasa directamente a un segundo plano. 

Para quien no lo sepa, existen aproximadamente unas 450.000 mil armas de fuego registradas en la Dimabel, y unas 12 veces más, que no figuran en ningún lado, y muchísimo menos se tiene conocimiento de su entrada al país. 


La mayoría de las armas que circulan en el territorio nacional, son de muy dudosa procedencia, porque son muy pocos los que compran en las armerías que pueden certificar su legalidad. 


Algo muy parecido ocurre con casi la totalidad de los teléfonos celulares, que se comercializan dentro de nuestro país, y que indefectiblemente han sido robados en Argentina, Brasil o Uruguay. 
Estas armas son muy difíciles de registrar, ya que no cuentan con los comprobantes de venta ni el despacho correspondiente. Otro problema es que muchas de ellas tienen la numeración limada, lo que da a entender que es probable que haya sido usada en algún hecho ilícito. 

Pero el problema mayor no radica en tener el libre acceso a un arma, sino que quien la ostente, sea lo suficientemente responsable como para manipularla, con la debida prudencia y en casos de extremo riesgo de vida. 

Para tener una pequeña noción sobre la gran cantidad de armas existentes, basta decir que, hasta fines del año pasado, existían en el país, unas 168 empresas de seguridad, debidamente habilitadas, ante la autoridad correspondiente. 


Sumado el personal de todas estas empresas se podría contar conservadoramente, con un total aproximado de 75 mil guardias de seguridad, claro que podrían ser más, ya que no siempre registran a todos sus empleados, a fin de evitar abonar las cargas sociales. 

Esta verdadera fuerza militarizada, posee alrededor de unas 75 mil escopetas calibre 12 y entre 75 a 90 mil armas cortas, que por lo general son de calibre 9 mm. 


Luego habría que contabilizar unos 25 proyectiles, sin exagerar, por cada arma, que es lo que porta un guardia, y tendríamos prácticamente un enorme ejercito paralelo, pertrechado con un arsenal sumamente peligroso. 

Aunque estos números sean aproximados, no dejan de ser realmente asustadores y escalofriantes. Ahora bien, existen dos tipos de registros bastante diferentes. 

El primero es el de la tenencia y esto limita únicamente, al poseedor a tener un arma dentro de una propiedad, como puede ser una vivienda unipersonal, un comercio o bien dentro de los límites de una pequeña chacra o casa de fin de semana. 


Según una nueva ley, promulgada en Paraguay, también se toma a un auto del mismo modo, como si fuera una propiedad inmueble, extendiéndose, por supuesto, a la guantera de un vehículo. En el segundo de los caso, la portación le permite al poseedor del arma de fuego, a llevarla consigo, para su utilización inmediata, pero solo en caso de verse amenazado en su integridad física. 

En nuestro país, de ningún modo los civiles pueden portar armas que no sean de caza o defensivas, ya que las de guerra, quedan reservadas solo para las Fuerzas Armadas, Policía Nacional o Fuerzas de Seguridad. 

La gran inseguridad reinante en nuestro país, ha provocado que mucha gente adquiriera armas, aún sin una verdadera preparación psicológica para hacerlo, su único requisito era el temor a ser asaltado. La incesante cantidad de robos, a cualquier hora del día, y en todo lugar, fue empujando a los civiles a comprar masivamente armas de fuego. 
Por lo general son los calibres pequeños, los más comprados, ya que según estadísticas extraoficiales, la mayoría de los compradores son mujeres. Ellas tienen a sus maridos mucho tiempo fuera de casa, y por ese motivo, se sienten intimidadas, ante la gran cantidad de asaltos domiciliarios realizados últimamente. 

Otro grupo de continuos compradores son los ganaderos quienes ante los reiterados robos de reses, contratan más personas para vigilar mejor sus campos y a la que pertrecha hasta los dientes, con el justificativo de combatir, la tan antigua “costumbre” del abigeato. 


Un nuevo y reiterado fenómeno es el de la invasión de tierra, a cargo de pseudo campesinos, quienes han decidido armarse y copar cuanta tierra ellos lo crean conveniente. Por lo que los agricultores siguiéndoles el juego, también han terminado por armarse. 

Pero básicamente el problema no radica de ninguna manera en la tenencia o en la portación. El problema reside fundamentalmente por el cambio psicológico que supone la posesión de un arma le causa en un individuo, que no está preparado para tenerla en su hogar y mucho menos encima. 

El problema se complica cuando ese arma es ilegal, proveniente de vaya a saber de quién y de dónde. Y muchísimo peor cuando se descubre que los números del arma han sido limados. 


Pero como antes dije, esa sensación de gran poder que un arma le otorga, a una persona, lo transporta a una dimensión totalmente distinta, casi como si se sintiera un superhéroe de historieta. No todos están capacitados a portar un arma encima. Un ejemplo claro es que continuamente leemos en los titulares de los diarios de mayor circulación, que un agente policial había actuado como “gatillo fácil”, ante la mínima provocación. 

O bien la muerte de una mujer por parte de algún uniformado como respuesta de alguna pelea doméstica. Esto es una muestra que no todos tienen la responsabilidad que se contrae al tener un arma encima. 


Otro problema grave, además del creciente e incontenible tráfico de armas que asuela a nuestro país y que provee de tales elementos al hampa local y regional, es que nunca las armas están lo suficientemente escondidas para que las criaturas las encuentren, con el consiguiente riesgo que uno fatalmente presume. 

Tal es la cantidad que circulan, que es mucho más fácil conseguir un arma de fuego que una aspirina.