Luego de cada una de las espectaculares masacres, que ocurren cada tanto en los Estados Unidos, de esas que arrojan una impresionante cantidad de muertos y heridos, se desata una áspera polémica en toda la sociedad, provocando un necesario y profundo análisis.
Desde ya que un suceso de este tipo, sacude hasta la raíz misma de toda la colectividad y la sensibiliza, imponiéndole hacer también un severo replanteo sobre cual es el tipo de sociedad que se pretende tener. Lo preocupante del tema es que casi siempre, su autor, es una persona totalmente perturbada mentalmente y nadie lo ha advertido.
Lo triste del caso es que estas personas han pasado todos los controles, tanto escolares, universitarios, laborales y nadie ha notado que interiormente es un ser totalmente enfermo.
Para quien no lo sepa, existen aproximadamente unas 450.000 mil armas de fuego registradas en la Dimabel, y unas 12 veces más, que no figuran en ningún lado, y muchísimo menos se tiene conocimiento de su entrada al país.
La mayoría de las armas que circulan en el territorio nacional, son de muy dudosa procedencia, porque son muy pocos los que compran en las armerías que pueden certificar su legalidad.
Algo muy parecido ocurre con casi la totalidad de los teléfonos celulares, que se comercializan dentro de nuestro país, y que indefectiblemente han sido robados en Argentina, Brasil o Uruguay.
Pero el problema mayor no radica en tener el libre acceso a un arma, sino que quien la ostente, sea lo suficientemente responsable como para manipularla, con la debida prudencia y en casos de extremo riesgo de vida.
Para tener una pequeña noción sobre la gran cantidad de armas existentes, basta decir que, hasta fines del año pasado, existían en el país, unas 168 empresas de seguridad, debidamente habilitadas, ante la autoridad correspondiente.
Sumado el personal de todas estas empresas se podría contar conservadoramente, con un total aproximado de 75 mil guardias de seguridad, claro que podrían ser más, ya que no siempre registran a todos sus empleados, a fin de evitar abonar las cargas sociales.
Esta verdadera fuerza militarizada, posee alrededor de unas 75 mil escopetas calibre 12 y entre 75 a 90 mil armas cortas, que por lo general son de calibre 9 mm.
Luego habría que contabilizar unos 25 proyectiles, sin exagerar, por cada arma, que es lo que porta un guardia, y tendríamos prácticamente un enorme ejercito paralelo, pertrechado con un arsenal sumamente peligroso.
Aunque estos números sean aproximados, no dejan de ser realmente asustadores y escalofriantes. Ahora bien, existen dos tipos de registros bastante diferentes.
El primero es el de la tenencia y esto limita únicamente, al poseedor a tener un arma dentro de una propiedad, como puede ser una vivienda unipersonal, un comercio o bien dentro de los límites de una pequeña chacra o casa de fin de semana.
En nuestro país, de ningún modo los civiles pueden portar armas que no sean de caza o defensivas, ya que las de guerra, quedan reservadas solo para las Fuerzas Armadas, Policía Nacional o Fuerzas de Seguridad.
Otro grupo de continuos compradores son los ganaderos quienes ante los reiterados robos de reses, contratan más personas para vigilar mejor sus campos y a la que pertrecha hasta los dientes, con el justificativo de combatir, la tan antigua “costumbre” del abigeato.
Un nuevo y reiterado fenómeno es el de la invasión de tierra, a cargo de pseudo campesinos, quienes han decidido armarse y copar cuanta tierra ellos lo crean conveniente. Por lo que los agricultores siguiéndoles el juego, también han terminado por armarse.
El problema se complica cuando ese arma es ilegal, proveniente de vaya a saber de quién y de dónde. Y muchísimo peor cuando se descubre que los números del arma han sido limados.
O bien la muerte de una mujer por parte de algún uniformado como respuesta de alguna pelea doméstica. Esto es una muestra que no todos tienen la responsabilidad que se contrae al tener un arma encima.
Tal es la cantidad que circulan, que es mucho más fácil conseguir un arma de fuego que una aspirina.









