Según los científicos, el cerebro de una mujer es algo más chico que el de un hombre, sin embargo está comprobado que tiene más vueltas que una oreja y muchas zonas oscuras, que todavía no se le ha descubierto una función verdaderamente específica, y a las pruebas me remito.
Para una mujer, el tema del parto y hacerse cargo de un niño, sin estar capacitada económicamente para afrontar tal compromiso, es como comer caramelos; sin embargo basta que descubra que su vestido de fiesta está cosido torcido, que la peluquera no le haya acertado el color de su cabello o que su mejor amiga se vistió casi igual, para asistir al mismo evento, hará que se desate una tormenta peor que la de los yanquis en el desierto de Irak.
Es por eso que tanto se duda, cuando una mujer saca un brazo por la ventanilla, no se sabe si es porque va a doblar o se está secando el esmalte de las uñas. Tampoco es recomendable circular muy pegado al paragolpes del vehículo de ellas, especialmente en zonas urbanas, ya que de pasar cerca de una “boutique” y vea algún trapo que le guste, seguro que frenará de golpe y sin previo aviso. …
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