La ciudad de los mendigos

En el curso de los dos últimos años, Ciudad del Este se habría hecho merecedora de un nombre más, sumándose a los ya que posee, que si bien no la llenaría de orgullo, pero que resume con él, una triste realidad cotidiana: la de “la ciudad de los mendigos”.

Desde el momento mismo de su creación, allá por el año 1957, Ciudad del Este fue un gran imán que atrajo a gran cantidad de gente proveniente de los cuatro puntos cardinales de nuestra geografía nacional. Todos ellos, con la esperanza de ganarse un futuro mejor para sí y para sus hijos y nietos. Era gente decidida a todo, pero especialmente a trabajar sin descanso en pos del sueño que su pequeña “patria chica” no le podía ofrecer. 

Luego comenzaron a llegar los extranjeros de países tan exóticos, de los cuales no existían demasiadas referencias de ellos. Así, de a poco, se fue amalgamando un enorme crisol de razas, que lejos de avergonzarnos, se convirtió en un verdadero orgullo observar a individuos de países, que en su tierra natal son enemigos acérrimos, y aquí comparten un café, sin ningún tipo de pelea o discusión.
Años dorados le siguieron, con el cierre de los negocios a las 2 de la madrugada, caso casi único en el mundo y que le valió, por la velocidad de los negocios y al crecimiento y volumen de los mismos, situarse entre las tres ciudades más poderosas del planeta. Sin embargo esto ha quedado en el pasado, los motivos son diversos, pero el resultado final es una interminable agonía.
Sin embargo, la ciudad sigue viviendo de sus laureles, que quedaron grabados en la memoria de nuestra gente. Es por eso que continuamente arriban de todas partes del país, cientos de nuevos residentes, en procura de lo mismo que aquellos pioneros vinieron a buscar hace 52 años. Para ellos, Ciudad del Este es la  última esperanza con que cuentan. Olvidándose que las circunstancias históricas y coyunturales son muy diferentes a las de aquel pasado glorioso.
Esta ciudad ya no los puede cobijar, ya que apenas lo puede hacer con sus propios hijos. Por lo que los recién llegados, al cabo de unos pocos días de efectiva residencia y cansados de buscar una vivienda y un mísero trabajo, terminan sin sus escuálidas reservas y ahí comienza el lento peregrinar por una ayuda que no siempre llega.


Seguir leyendo La ciudad de los mendigos