Castigo a los ineptos

Después de varios gruesos errores cometido por los nuevos funcionarios, de la gestión Lugo, y que aparentemente fueron pasados por alto, llega de sorpresa un cambio impensado, en una dependencia estratégica y muy sensible a la hora de hacer las cuentas y saber con que recursos se tiene a mano.
Cristhian Vera fue encontrado culpable de reiteradas dudas y lenta tomas de decisiones, durante el cumplimiento de las funciones a la que fue destinado. Vera tenía pendiendo sobre su cabeza, haber sido designado por Nicanor así como la definición de una licitación bastante controvertida para la explotación del segundo casino en Asunción, por el que disputan dos poderosos consorcios.

El primero de ellos, integrado por la empresa argentina Casinos del Litoral, y la firma nacional Starnet. El segundo, por La Gloria Hotelería y la empresa hotelera Emprender. Sin embargo llegaron a ser tres, las ofertas que concursaban por la explotación de dicho casino. Pero su propuesta fue desestimada por no reunir todas las condiciones exigidas en los pliegos de condiciones.

La lentitud en la toma de decisión, ya que la fecha de rigor eran los últimos días de enero y la ligereza con que se tomaron las imputaciones hechas por la justicia argentina a la firma Casinos del Litoral, fueron los detonantes para que Vera le dijera adiós a su cargo. Los inversores no abundan y no es cuestión de demorar innecesariamente las colocaciones, ya que existe siempre la posibilidad que estos retiren finalmente sus ofertas.
La noticia de la supuesta defraudación al fisco argentino por un valor 147 millones de dólares por parte de Casinos del Litoral no causó una buena impresión en la cúpula del Ministerio de Hacienda, ya que la Conajzar (Comisión Nacional de Juegos de Azar) maneja mucho dinero que generalmente, si es que no se desvía, debería contribuir a engrosar los flacos fondos de los programas sociales.
Ante el paso del tiempo y la inacción de Vera, el mismo presidente de la Nación confirma en el cargo a Patricia Marchewka, una funcionaria del Ministerio de Hacienda, precedida de un halo de excelentes recomendaciones, debido a su dinamismo y premura en las ejecuciones que le han brindado la confianza del actual ministro Borda.


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Aún sigue una densa niebla

Faltando tres días apenas, para cumplirse con los primeros seis meses de gobierno, el pueblo paraguayo todavía no siente que las manos de los nuevos funcionarios hayan tomado las riendas del país, con la firmeza que el caso requiere.

Los dos primeros años de la anterior gestión, se las puede catalogar, ahora que ha transcurrido cierto tiempo, de aceptable. Varias medidas acertadas corrigieron el rumbo de nuestra endeble economía, haciendo que se pudieran batir algunos records de recaudación, que en otras épocas eran impensados.

 

Durante ese lapso, el país pareció vivir el comienzo de una nueva etapa, que tenía como única meta el ansiado despegue económico. Pero solo fue una ilusión efímera y pasajera, ya que el ex presidente se embarcó  caprichosamente, a partir de ese momento, en una loca aventura por la reelección. Los resultados son demasiado recientes y todavía seguimos sufriendo sus pavorosas consecuencias.
Los tres últimos años de la gestión, del anterior mandatario, estuvieron marcados por la dedicación casi exclusiva, al proselitismo de  su segundo período. Al principio siendo él protagonista, pero una vez rechazada su candidatura, optó por dejar el poder, muy a regañadientes, en manos de una delfín, por él arbitrariamente impuesta a dedo.


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