Enrique Vargas Peña (foto de noticias.terra.com)
Durante el ahora ya largo y lento proceso que el pueblo paraguayo impulsa para depurar de corruptos el Congreso Nacional, políticos que integran los dos grandes partidos tradicionales de nuestro país el Colorado (Asociación Nacional Republicana, ANR) y el Liberal (Partido Liberal Radical Auténtico, PLRA) han venido sostienendo que existe en nuestro país, y en nuestro Continente, una conspiración para destruir los partidos políticos y que es necesario articular una defensa de los mismos porque los partidos son pilares fundamentales de la democracia.En el debate que la Cámara de Diputados sostuvo con ocasión de resolver el desafuero del diputado colorado José María Ibañez, este argumentó, en la misma línea mencionada, ser víctima de dicha supuesta conspiración e insistió en que los partidos políticos son pilares fundamentales de la democracia () ().
La idea planteada por Ibañez es clara y consistente con el discurso que durante los últimos 25 años han venido sosteniendo los dos partidos tradicionales: Estos partidos deben ser defendidos de cualquier tendencia que en la sociedad pretenda reemplazarlos.
Lo que se infiere de ese discurso es perturbador. Los dos partidos tradicionales paraguayos están aliados en otorgar impunidad, protección y un pacto de silencio a los corruptos que militan en ellos y, lo peor, en seguir promoviendo sus candidaturas para que continuen en la vida política activa desde cargos públicos.
Motivado por ese discurso de los partidos tradicionales ante los pedidos de desafuero de legisladores que pertenecen a ellos, estuve tratando de contactar con el ex presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez (@alvarouribevel) desde que fue elegido senador en las últimas elecciones legislativas colombianas ().
La razón es simple, Uribe, hombre que muchos “expertos” sitúan en la derecha del espectro ideológico, está mostrando en Colombia que la desaparición y reemplazo de los partidos políticos tradicionales no lesiona el funcionamiento de la democracia y que si ellos dejan de servir a la gente, la gente tiene derecho a abandonarlos y sustituirlos.
El jueves 20 de marzo pude finalmente entrevistar al ex presidente y senador electo Uribe, en la 9.70 AM.
Recordando su propia carrera política iniciada dentro del entonces hegemónico Partido Liberal Colombiano, uno de los dos (con el Partido Conservador) tradicionales de Colombia, Uribe me explicó que “si los partidos politicos se cierran a las demandas sociales, hay que hacer los cambios por fuera de ellos”, que es exactamente lo que él propuso a los colombianos al fundar para las elecciones de 2002 el movimiento “Primero Colombia” tras denunciar falta de garantías para una interna limpia dentro del Partido Liberal, cuyo aparato dirigencial se volcó de lleno a apoyar la candidatura presidencial de uno de sus favoritos, Horacio Serpa.
La candidatura extrapartidaria de Uribe, como todos sabemos, venció con el 53% (cincuenta y tres por ciento) de los votos a la del aparato dirigencial liberal, que logró el 32% (treinta y dos por ciento) de los sufragios ().
Las elecciones presidenciales colombianas de 2006 confirmaron plenamente la apuesta de Uribe, quien fue reelegido con el 62% (sesenta y dos por ciento) de los votos, mientras que su antiguo Partido Liberal cayó relegado a un lejano tercer lugar con apenas el 12% (doce por ciento) de los sufragios ().
El otro partido tradicional, el Conservador, corrió peor suerte aún, desapareciendo a todos los efectos prácticos como entidad autónoma.
Sin embargo, la democracia colombiana no desapareció cuando el pueblo fue abandonando a los partidos tradicionales. Está bastante vigorosa a pesar de la marginalización de esos partidos.
En las elecciones presidenciales de 2010, los dos partidos tradicionales colombianos continuaron su declive, obteniendo 4% (cuatro por ciento) los liberales y 6% (seis por ciento) los conservadores ().
Uribe fue enfático al decirme que “los partidos existen en tanto y mientras sirven a la gente”. Luego, si no sirven, dejan de existir y son reemplazados.
En nuestros dos partidos tradicionales, la ANR y el PLRA, hay gente como José María Ibañez y muchos otros que pretende aprovechar la fuerza coercitiva del Estado, mediante la instrumentación del Ministerio Público, de las leyes electorales y del Poder Judicial, para impedir que la sociedad conozca la podredumbre que hay en ellos y para continuar con esa podredumbre en contra de los deseos del pueblo paraguayo.
A ese efecto lograron hacer renunciar al fiscal Carlos Arregui, a ese efecto se oponen a implementar el desbloqueo de listas, a ese efecto imponen a los tribunales que no se aplique la Ley 1626 de la Función Pública, a ese efecto se oponen a la realización de internas simultáneas, a ese efecto se niegan a cambiar la Ley de Fueros, entre otras acciones en las que ambos, la ANR y el PLRA, actúan completamente aliados y de acuerdo.
Los partidos políticos son entidades pasajeras, al contrario de lo que creen Ibañez y sus cómplices; lo que es permanente y debe ser defendido es el derecho de asociación para formar partidos políticos (Arts. 42 y 125 de nuestra Constitución). Este es el derecho fundamental en la democracia y no, como sostienen Ibañez y sus cómplices, mantener por la fuerza la vigencia de partidos anquilosados por la corrupción.
Los paraguayos no tenemos por qué sostener a organizaciones que han dejado de servir a la gente y que sirven para que muchos sinverguenzas se hagan millonarios e influyentes a costa del dinero del pueblo.
Los corruptos no tienen que ser presidentes, ni senadores, ni diputados, ni gobernadores, ni concejales, ni intendentes, ni ministros. Los corruptos tienen que ser presos en la cárcel de Tacumbú y si los partidos tradicionales no lo entienden, pues hay que votar por otros sin remordimientos para que la democracia funcione mucho mejor.
Artículo publicado en la edición del domingo 23 de marzo de 2014 de La Nación ().