Enrique Vargas Peña (foto de narraciones.tripod.com)
En ABC de ayer, se puede leer este material: “El dirigente colorado de capital Dr. Federico Gómez solicitó que la presidenta de la ANR, Lilian Samaniego, asuma su responsabilidad como titular del partido o renuncie al cargo, ante la decisión de Horacio Cartes de priorizar a técnicos y no a políticos en su gabinete. Solicitó a la citada legisladora que asuma su rol y pida más lugares para políticos, porque el soporte político de Cartes se llama Junta de Gobierno. ‘Sin este soporte, él no es nada’, manifestó (”.
Sobre el nuevo coloradismo inspirado en Bernardino Caballero, esta es la voz de un coloradismo viejo, prebendario, patrimonialista, construido sobre la idea que Natalicio González impuso a la Asociación Nacional Repúblicana, la de convertirse una entidad excluyente, de socorros mutuos, dedicada sólo a beneficiar económicamente a sus integrantes, con dinero público.
Juan Natalicio González Paredes fue, tal vez, la figura más dañina que haya sufrido nuestra República. Totalitario convencido y ayudado en la práctica por la tragedia de la guerra civil de 1947 que militarizó totalmente el debate público paraguayo, Natalicio es el constructor real de la dictadura de partido único (el Colorado) en Paraguay, inspirado en los regímenes fascistas y comunistas, aunque el sistema mexicano era su predilecto.
Antes de la guerra civil, el 17 de setiembre de 1946, Natalicio ya había mostrado sus ideas cuando, siendo ministro de Hacienda y pretendiente a suceder al dictador Higinio Morínigo, partidarios suyos asaltaron el diario “La Tribuna”.
Entonces no se dio tanta importancia al hecho. Pero el 18 de noviembre de 1947, al grito de “a balazos o a sablazos, Natalicio al Palacio”, los partidarios de Natalicio asaltaron la convención colorada para imponerlo como candidato presidencial de la ANR.
La acción de gobierno de Natalicio tiene algunos elementos de gestión pública, pero todos ellos quedan opacados por su programa real: “Ningún colorado pobre”, lema que se le atribuye pero que llevó a la práctica sin descanso, enriquecer con dinero público a sus correligionarios, usar el poder para imponer a todos el costo del bienestar de algunos.
Desde entonces, muchos colorados creen que su partido sirve solamente para que ellos engrosen su patrimonio.
En el material de ABC citado al principio, no se puede encontrar ninguna reflexión del “doctor” Gómez sobre si el gobierno de Horacio Cartes tiene una buena política exterior, o política económica, o política cultural, o política energética, o política social para servir bien a siete millones de paraguayos; solamente hay un reclamo de dar cargos públicos a sus correligionarios “existen muchas personas que son capaces y que trabajaron para que la ANR vuelva al poder, pero lastimosamente (Cartes) se rodea de tecnócratas”.
Al “doctor” no parecen interesarle los números que muestran que los prebendarios están negando oportunidades de dejar la pobreza a unos dos millones de paraguayos, al robar para sus salarios más del noventa por ciento (90%) de todos los ingresos tributarios que dan los contribuyentes.
Tampoco parece interesarle, al “doctor”, que los ministros y secretarios de Estado deben ser de la confianza del presidente de la República y no de la dirección del partido que lo apoya y que el resto de los servidores públicos debe ingresar a la función pública no en base a su afiliación partidaria sino a su idoneidad demostrada en un concurso público de competencia y solamente si hay una función real requiriendo a algún nuevo funcionario.
El coloradismo viejo, prebendario, patrimonialista, excluyente, “natalicista”, es el principal problema que deberá resolver Horacio Cartes si quiere terminar bien su gestión y es un problema que debe resolver con urgencia, a la brevedad, pues, como también lo evidencia la vida de Natalicio, la conspiración y el golpe son su práxis favorita.
Publicado en la edición del domingo 18 de agosto de 2013 en La Nación ()
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