El director de la Policía Caminera, Eduardo Petta acaba de lanza un “brillante” programa. Consiste básicamente en instruir a los niños a controlar a sus padres cuando están conduciendo y ante cada infracción de tránsito “multarles” haciéndoles comprar una hamburguesa o haciéndose llevar al cine con pororó incluido y otras delicias parecidas.
Ni a Stroessner ni a Montanaro ni a Pastor Coronel ni a Edgar L. Ynsfrán se les ocurrió una idea tan fabulosa para condicionar la mente de los niños en el pyraguereato. La juventud hitleriana se moriría de envidia ante esta iniciativa.
La Constitución Nacional consegra el derecho a no autoincriminarse. Y la ley libera de la obligación de acusar a los parientes próximos. Acá se revierte todo eso. Los niños van a ser testigos, fiscales acusadores y jueces que dictarán sentencias y aplicarán sanciones en contra de sus propios padres.
Pero es todavía más grave. Los niños y los jóvenes de esta generación hace rato que han perdido el respeto a sus padres y a sus mayores. No es solo responsabilidad de los chicos sino es más bien culpa nuestra, de los padres, que no hemos sabido inculcarles la necesaria educación en nuestras casas y ahora hacen prácticamente lo que se les canta.
Petta ahora les otorga un guño cómplice de la autoridad para que patoteen a su antojo y paladar a sus padres.Y nadie reclama. Los medios difunden la noticia sin que parezca alterarles el hecho.
Por suerte no manejo y por suerte mis hijos han sido educados correctamente -por sus madres, aclaro, pero educados al fin- pero ya les daría yo pororó y hamburguesas por el traste a los pendejos si me vienen a joder con este disparate.
No sé si me explico.