Cartes amenazó en su discurso a intereses muy poderosos

Enrique Vargas Peña (foto de lanacion.com.py)

Un editorial del londinense “Financial Times”, publicado el pasado 14 de agosto dice que “MERCOSUR ha degenerado en un foro político. El último año Paraguay fue suspendido, formalmente en protesta por la abrupta destitución de su presidente. El propósito real, sin embargo, puede haber sido circunvalar la oposición paraguaya a la admisión de la socialista Venezuela. Para muchos, el bloque se convirtió en poco más que un grupo de retórica ‘anti gringa’.

Esa percepción mundial acerca de MERCOSUR es, a mi modo de ver, la base de la tranquila seguridad con la que el presidente Horacio Cartes confirmó en su discurso inaugural de ayer, pronunciado durante su toma de posesión de la Presidencia de la República, la línea que su administración seguirá con respecto al bloque regional, definida en su nota del pasado 12 de julio de 2013.

En efecto, reiteró el presidente Cartes, dirigiéndose en especial a las presidentas de Brasil y Argentina allí presentes, que nuestro país prefiere trabajar en unas muy buenas relaciones bilaterales con ambos vecinos, para sortear los puntos en los que no hay acuerdo.

Creo que el presidente no pudo decir de mejor manera lo que había que decir en materia de relaciones internacionales, relaciones que están llamadas a tener, al menos en la primera parte de la gestión de Horacio Cartes, un papel fundamental, prioritario, pues hacen referencia a nuestra capacidad de tomar decisiones autónomas para el mejor desarrollo de nuestros intereses nacionales.

El discurso abordó con la misma solvencia, con el mismo apego al mandato recibido del pueblo el pasado 21 de abril, con la misma claridad, todos los grandes problemas que aquejan a nuestra sociedad.

Citó, por ejemplo, al fundador de la Asociación Nacional Republicana (ANR), Bernardino Caballero, para dejar en claro que la conformación eminentemente técnica y pluripartidaria de su gabinete es apenas el primer paso en sus esfuerzos por profesionalizar la función pública: “La Patria necesita a sus mejores hijos”, no habrá discriminaciones por razones políticas, dijo, como dirigiéndose a los retardatarios que abuchearon al ministro del Interior Francisco de Vargas.

En efecto, un país harto del prebendarismo político desalojó del poder al Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), pero no para cambiar a prebendarios liberales por prebendarios colorados, sino para que no haya más prebendarismo, de ningún partido.

El presidente lamentó que los cientos de millones de dólares que los contribuyentes paraguayos han aportado para erradicar la pobreza no hayan llegado a los pobres no hayan servido para aliviar su situación.

Los que intenten apoderarse del dinero público, afirmó, no tendrán apoyo del presidente de la República, frase sencilla pero que rompe con la larga tradición de presidentes que hicieron cuanto pudieron para salvar a amigos corruptos.

Los anteriores gobiernos, efectivamente, destinaron millones de dólares a programas aparentemente destinados a aliviar la pobreza, pero lo que, en general, hemos visto los paraguayos es a los funcionarios públicos encargados de esos programas convertirse en millonarios de la noche a la mañana.

Si el discurso inaugural define la dirección que seguirá el presidente, los paraguayos podemos estar tranquilos de que hay esperanzas de corregir nuestros problemas y muy seguros de que Horacio Cartes enfrentará a enemigos muy poderosos, externos e internos, que intentarán impedir que haga lo que ayer confirmó que haría.
 
 

 

Artículo publicado el viernes 16 de agosto de 2013 en La Nación ()

 

 

EL RESPETO SE APRENDE EN CASA

No pasa un solo día en mi vida que no tenga que ver historias que pueden causar infarto, en los noticieros televisivos o leer en los titulares de los medios escritos, donde se involucran tanto a niños como adolescentes en todo tipo de vandalismo, y a veces en delitos de cierta envergadura. 

Entonces uno se pone a pensar, con preocupación, ¿por qué suceden cosas así? Padres que le echan la culpa a los docentes, a los cuales confían erradamente su educación, a lo que estos responden que ellos no enseñan educación si no ilustración o sea simplemente, una acumulación de conocimientos que teóricamente que le serán útiles en un futuro. 

Y las máximas autoridades de la Policía Nacional culpan tanto a padres y profesores sobre la gran responsabilidad que tienen en sus manos, pero que ambos se echan la culpa del gran fracaso que a diario se puede observar en cualquier estamento de nuestra sociedad. 

Desde ya que en todas las épocas de nuestra historia de la humanidad, la niñez y la adolescencia se caracterizaron por su rebeldía y su sed inagotable para experimentar un sinfín de cosas nuevas. 

Otra particularidad casi esencial a nombrar es la total falta para calibrar la dimensión del peligro inminente, que ellos pueden afrontar. 

Por lo que simplemente todo lo que sucede, según mi modesta opinión tiene que ver con la falta de respeto. No cabe ninguna duda que la base de todo el proceso formativo que todo ser humano recibe, se lo debe aprender en su propia casa por parte de sus padres. Y lo que suceda en la escuela debería ser el fiel reflejo de todo lo que se le ha enseñado. 

No podemos ser ciegos al ver que en los últimos 30 años muchas cosas mudaron en el planeta. Cambió el tablero político y algunos centros de poder, así como existió una profundización de la revolución sexual llevada a cabo fundamentalmente por la mujer al reclamar también su derecho al placer. 

También se produjo una revolución tecnológica que llevó a masificar aparatos tan sofisticados, como actualmente lo son las computadoras, los teléfonos celulares, los GPS, las cámaras fotográficas, Internet, y automóviles con una gama incontable de “chiches” que 50 años atrás hubieran sido concebidos por alguna afiebrada mente, producto del consumo abusivo de ciencia ficción. 

A esto se le sumó, hablando de los últimos 30 años, de la popularización y facilidad para conseguir pornografía, drogas, armas de todos los calibres. También la liberación y el relajamiento de las costumbres, los buenos modales y el respeto personal. La discusión en el disenso se tornó imposible y la tolerancia entre los seres humanos una verdadera utopía. 

Si en el propio hogar los padres no les enseñan a sus hijos lo que es la disciplina, la responsabilidad, el respeto, los buenos modales y por desidia o comodidad pretenden endosarle tal responsabilidad a un centro educativo para que este, por medio de su plantel de maestros, haga el papel de padre, entonces aquellos toman de por sí, un mal camino. 

Ahora bien, debo ser honesto, los noticieros y titulares nos ofrecen solo casos extremos o realmente exagerados de lo dicho aquí. Pero existen hechos más comunes que suceden diariamente en todos los puntos cardinales de nuestro país. 

Se puede escuchar cuando ellos cuentan como una hazaña como se burlan de un maestro o bien lo amenazan, o se tiran libros y cuadernos entre sí. Como fastidian a los más chicos e indefensos, como discriminan a compañeros por ser diferentes de los demás, sea el motivo que fuere. 

Tampoco faltan las muestras del poco respeto de los chicos y algunos adultos cuando no se hacen a un lado en el momento en que alguien desea pasar por la vereda, o bien insultan u ofenden a mujeres y ancianos con bromas pesadas o piropos groseros. Ni hablemos de ceder el asiento a las embarazadas en los colectivos. 

Algunos se entusiasman con juegos peligrosos, corriendo carreras con autos o motos en avenidas no siempre desiertas. O arrojan basura en cualquier lado, ni se les ocurre pensar cuantas ordenanzas quiebran al conducir o las traviesas piruetas que algunos hacen con sus biciclos, en medio del tránsito endemoniado. O bien se pasean en sus autos, muy orondos por toda la ciudad con sus equipos de audio a todo volumen.

Cuando esto se vuelve repetitivo, comienzan las preguntas sobre el tipo de educación que estos chicos recibieron en sus casas. Iniciándose entonces un interminable cruce de acusaciones entre padres y escuelas. Cualquiera sea el tipo de educación que un niño reciba, siempre esta empieza en la casa. Es el lugar ineludible donde se les enseña a respetar. 

Muchos padres no ponen límites a sus hijos por lo que sin quererlo, están formando a unos pequeños tiranos caprichosos y maleducados. Que no respetan a nadie, destrozan todo a su alcance sin darle siquiera algún valor, volviéndose mentirosos, egoístas, violentos, desconsiderados y haraganes. 

Se sabe que la memoria de las criaturas es increíble, porque todo queda registrado en su memoria. Como respetar a sus padres, abuelos, a ser ordenados con sus juguetes, a limpiar lo que ellos mismos ensucian, los horarios de juegos y estudio. Y fundamentalmente a no dejarse llevar ni por sus impulsos ni sus caprichos. 

Por lo general son todos aquellos padres “facilistas”, que siempre consienten a sus hijos, dándole todo lo que ellos piden y no todas las veces diciendo por favor, si no con furiosas imposiciones. Algunos padres, lo hacen para compensar lo que, por distintos motivos no tuvieron de chicos y otros sencillamente para sacárselos de encima, al ser demasiados cargosos. 

Si la educación en la casa es firme pero impartida con amor, no se corre ningún riesgo de criar rebeldes sin causa y si se los escucha de vez en cuando, mucho mejor. Con esto se lograran mejores ciudadanos. El éxito social y su futuro desarrollo humano-profesional estarán garantizados. Al final de cuentas, este esfuerzo es parte de la sagrada misión que tienen todos los padres de familia. 

Imponer el nuevo rumbo a la Policía

Enrique Vargas Peña (foto de abc.com.py)

El día jueves 8 de agosto a la tarde un agente de la Policía Urbana Especializada (PUE) paró a Antonio Fuertes Arcondo para solicitarle su cédula de identidad, en las calles 15 de Agosto y Oliva de Asunción.

Fuertes Arcondo preguntó al agente policial si estaba haciendo algo indebido, a lo que el agente respondió que debía mostrarle su cédula. Como Fuertes insistió en preguntar si hacía algo indebido como para serle requerida la cédula, el agente policial llamó a refuerzos que apresaron a Fuertes y lo condujeron, esposado, a sede policial donde quedó privado de libertad desde las 14:30 horas hasta las 21:00 horas.

Los agentes policiales involucrados son Diosnel Morínigo, Jorge Fretes y Ramón Bareiro; el comandante de la PUE es Inocencio Machado.

El acta policial que informa sobre la situación dice que Fuertes Arcondo estaba en “actitud sospechosa”. Cuando el abogado Jorge Vasconcellos pidió a los agentes que definan la “actitud sospechosa”, dijeron que Fuertes Arcondo estaba “fumando en la vereda, con tatuajes en su brazo izquierdo y mal aspecto”, todo lo cual fue grabado por el Dr. Vasconcellos y difundido el viernes 9 de agosto en “Tarde de Perros” por la 9.70AM.

Es evidente que la PUE, en particular, y que la Policía Nacional, en general, nunca comprendieron, nunca entendieron y siguen sin respetar el Artículo 12 de nuestra Constitución, que dice “Nadie será detenido ni arrestado sin orden escrita de autoridad competente, salvo caso de ser sorprendido en flagrante comisión de delito que mereciese pena corporal”.

La palabra “detener” viene del latín “detinēre” y significa, según el Diccionario de la Real Academia1. tr. Interrumpir algo, impedir que siga adelante. U. t. c. prnl.2. tr. Dicho de una autoridad: Prender a alguien. 3. prnl. Pararse, cesar en el movimiento o en la acción. 4. prnl. Pararse a considerar algo.

Luego, está constitucionalmente muy claro que la Policía no puede interrumpir nada, ni impedir que siga adelante, ni prender a nadie, ni parar ni hacer cesar movimiento o acción alguna sin que esté ocurriendo o esté por ocurrir una “flagrante comisión de delito que mereciese pena corporal”.

La Constitución prohíbe a la Policía detener de cualquier modo a los ciudadanos que no estén incursos en la comisión de flagrante delito; no los puede detener ni una hora, ni un minuto, ni un segundo; no los puede detener para pedirles cédula, ni fósforo, ni saludo; simplemente la Constitución prohíbe a la Policía detener a los ciudadanos que no estén involucrados en la comisión flagrante de un delito.

No solamente se lo prohíbe claramente el Artículo 12 de nuestra Constitución, sino que también se lo prohíbe expresamente el Artículo 17, inciso 1 de nuestra Ley Suprema, que dice “En el proceso penal, o en cualquier otro del cual pudiera derivarse pena o sanción, toda persona tiene derecho a: 1. que sea presumida su inocencia.

La Policía está constitucionalmente obligada, “en cualquier (proceso) del que pudiera derivarse pena o sanción” a presumir la inocencia del ciudadano. No puede constitucionalmente alegar la existencia de alguna indefinida “actitud sospechosa” pues esa alegación destruye la presunción de inocencia.

Por si en la Policía no lo saben, el Diccionario de la Real Academia explica que “presunción” es “1.f. Acción y efecto de presumir” y que “presumir” es “1. tr. Sospechar, juzgar o conjeturar algo por tener indicios o señales para ello.

Es decir, cuando la Policía se cruza en la calle con algún ciudadano, salvo el mencionado caso de flagrancia, está obligada a juzgar que ese ciudadano es inocente, totalmente inocente, y no sospechoso.

Cualquier ley que diga otra cosa sería completamente inconstitucional y, desde luego, cuando le pregunté en la 9.70AM, a Inocencio Machado en qué ley se basaba para parar a los ciudadanos a pedirles la cédula no supo qué responderme.

Lo único que atinó a decirme es que gracias a las violaciones de los Artículos 12 y 17 de nuestra Constitución que comete a diario, la Policía puede dar con los ciudadanos sobre los que pesa alguna orden de captura (la orden de autoridad competente de la que habla el Artículo 12).

Machado confiesa así que la Policía no sigue ni investiga a las personas a las que los jueces les ordenan detener, sino que espera pasivamente que esas personas caigan por azar en los controles con los que ella viola los derechos constitucionales de los ciudadanos. Si alguien sobre quien pesa orden de captura es hábil, jamás será detenido pues la Policía no lo investiga ni lo sigue, sino que prefiere violar genéricamente los derechos ciudadanos.

Es imperativo imponer a la Policía un nuevo rumbo, el de brindar seguridad respetando nuestra Constitución. Si sus jefes no saben cómo hacerlo, es necesario reemplazarlos por otros que al menos hagan el intento.

 

Artículo publicado en la edición del domingo 11 de agosto de 2013 de La Nación ().