Políticos y transportistas odian la libertad

Enrique Vargas Peña (foto de nanduti.com.py)

 

El transporte público en el área metropolitana, Asunción y los municipios que la rodean, es un viejo desastre que los ciudadanos menos favorecidos soportan desde hace décadas porque los políticos, que están en connivencia con los empresarios transportistas, impiden desde siempre que en ese sector de la vida nacional se establezca la libertad de mercado.

Durante la primera parte del gobierno de Alfredo Stroessner el transporte público en el área metropolitana era estatal y era en parte eléctrico (Administración de Transporte Eléctrico, ATE) y en parte a hidrocarburos.

La insatisfacción producida por el monopolio público alentó entonces al gobierno a ensayar una tímida apertura, autorizando la aparición de empresas privadas, que en el comienzo usaban las famosas “kombis” de Volkswagen, para explotar el servicio en algunos itinerarios.

Desde el principio, sin embargo, la apertura tuvo poco que ver con una liberalización, pues las licencias y los itinerarios los seguía otorgando el Estado a allegados al gobierno.

Así nacieron las actuales empresas de transporte público del área metropolitana, como concesiones graciosas del régimen a sus amigos.

Producido el 3 de febrero de 1989, estos beneficiarios del sistema autoritario mantuvieron sus privilegios gracias a los vínculos que habían formado con el Partido Colorado (Asociación Nacional Republicana, ANR) con cuyas campañas electorales vienen contribuyendo.

A cambio, la ANR garantizó por años a esos empresarios la continuidad del sistema de licencias e itinerarios, por lo que el servicio prestado nunca fue bueno, ni eficiente, ni siquiera limpio (en términos de mera higiene), pues el lucro de estos empresarios jamás dependió de la satisfacción del cliente, como ocurre en empresas que deben competir en el mercado.

Cualquiera que haya leído a Adam Smith sabe que este autor escocés enunció el axioma, confirmado por siglos ya de estudios económicos, que establece que el empresario no quiere competir, que prefiere acordar para repartirse el mercado con los que eventualmente se presenten en él, que busca establecer monopolios u oligopolios que le liberen de la necesidad de estar pendiente de las demandas de los consumidores.

Adam Smith proponía, para hacer frente al poder económico de esos empresarios, un Estado fuerte que les pusiera un límite: El de obligarles a competir asegurando la libre concurrencia, la libre fijación de precios y prohibiendo las prácticas monopólicas.

Es de Adam Smith que deriva el Artículo 107 de nuestra Constitución, que prohíbe las prácticas monopólicas y garantiza la libre concurrencia.

Pero para los políticos en connivencia con los empresarios de transporte del área metropolitana el Artículo 107 siempre fue letra muerta.

Como el sistema de transporte público del área metropolitana heredado del régimen autoritario seguía, como no podía ser de otra manera, generando enorme insatisfacción de los usuarios y pésimo abastecimiento de la demanda, ensayaron un esquema que les permitía al mismo tiempo decir que “cambiaban” el modelo anterior y consolidar el oligopolio: La Secretaría de Transporte del Área Metropolitana de Asunción, SETAMA.

SETAMA es la formalización de un oligopolio inconstitucional, claramente violador del Artículo 107 de nuestra Constitución. Lo prueba que en su consejo se sientan los empresarios del transporte beneficiarios de las licencias (que ahora otorga ella misma, lo cual impide la libre concurrencia) y se sientan con ellos los políticos y los sindicalistas que forman parte del mismo esquema; lo prueba que SETAMA reparte el mercado (lo que impide la libre competencia) y lo prueba que ella fija los precios, que nada tienen que ver con oferta y demanda (lo que caracteriza al sistema de precios en una economía de mercado), sino con las necesidades de los explotadores del sector.

Como no podía ser de otra manera, el oligopolio no mejoró ni un ápice del transporte público del área metropolitana, establece sus precios mediante abusos (no cumplió ni uno, pero ni uno solo siquiera, de los requisitos establecidos para estudiar los costos reales del transporte) y se dedica, desde su creación, a eliminar por vía policial cualquier competencia que se le presente, como ahora hacen atacando a las líneas “internas” de los municipios afectados por SETAMA.

Entrevisté en el curso de la pasada semana a José Luis Argaña, viceministro interino de Transporte, en la 9.70 AM para tratar de entender si el gobierno tiene o no algún plan alternativo al oligopolio, solamente para escuchar, sin sorpresas, el argumento clásico de defensa de los detentores de dicho oligopolio: Si liberamos el transporte público, me dijo Argaña, los precios se dispararán.

Esa afirmación no resiste el menor análisis.

Hasta 1948, las potencias ocupantes de Alemania Occidental (Francia, Reino Unido y Estados Unidos) mantuvieron a ese país bajo el férreo sistema de controles de precios establecido por Adolfo Hitler con la misma excusa de Argaña.

Apenas recuperada la soberanía nacional alemana, Ludwig Ehrard, en un solo día y de un solo plumazo, liberó todos los precios de Alemania Occidental. No solamente los precios no subieron, sino que en general bajaron y Alemania se convirtió en poco tiempo, en la primera potencia europea y hoy, en la potencia hegemónica de Europa.

En nuestro país, la durísima competencia en el sector de telefonía celular no solamente no hizo subir ningún precio, sino que ellos bajan de manera constante y no solamente bajan, sino que la calidad y cantidad de servicios de los que hoy disponemos los paraguayos gracias a esa competencia es ejemplar.

Hay que liberalizar radicalmente el sector de transporte y el lucro que obtengan los empresarios que se dediquen al mismo, debe originarse en la satisfacción de los usuarios, como es en toda empresa obligada a competir en un mercado libre.

 

Articulo publicado en la edición del domingo 05 de enero de 2014 de La Nación ().

Horacio dice una cosa pero hace otra

Enrique Vargas Peña (foto de abc.com.py)

Hace escasos ciento dieciocho (118) días el presidente de nuestra República, Horacio Cartes, dio a conocer un comunicado, que entonces nos llenó de orgullo, en el que afirmaba que “El 12 de julio de 2013…He tomado conocimiento del documento ‘Decisión sobre el cese de la suspensión del Paraguay en el MERCOSUR en aplicación del Protocolo de Ushuaia sobre el compromiso democrático’, de los presidentes/as reunidos el día hoy en la Cumbre del Mercosur en Montevideo (Uruguay)”…(en el que) “Se resuelve…el cese –recién a partir del próximo 15 de agosto- de la suspensión que impusieron al Paraguay del derecho a participar en los órganos del Mercosur y de sus deliberaciones, decisión esta que nunca hemos compartido por los motivos que la originaron y especialmente por no ajustarse a las normas jurídicas que establece el Protocolo de Ushuaia…He tomado conocimiento, además, de la decisión de aquellos presidentes de traspasar la Presidencia Pro Témpore de Mercosur para el segundo semestre de 2013 al señor Nicolás Maduro, Presidente de Venezuela. Sobre este particular, en mi calidad de Presidente Electo de la República del Paraguay que asume sus funciones constitucionales el próximo 15 de agosto, debo puntualizar cuanto sigue:
1. Un hecho fundamental de la política internacional es la vigencia del Derecho Internacional. La política no es fuerza ni arbitrio. Tampoco legitima cualesquiera hechos y procedimientos que se aparten del Derecho.
2. Las características jurídicas del ingreso de Venezuela como miembro pleno al Mercosur, en julio del 2012, no han sido subsanadas conforme a las normas legales a que se debe ajustar el ingreso de un nuevo miembro, y al Tratado de Asunción (Art. 20), el Protocolo de Ouro Preto (Art. 3 y Art. 37) y el Protocolo de Adhesión de Venezuela (Art. 12). El mero transcurso del tiempo o decisiones políticas posteriores no restablecen, por sí, el imperio del Derecho. El Derecho concerniente, internacional y nacional, debe ser reconocido, respetado y cumplido, tal como se ha acordado. Es decir, pacta sunt servanda”.

Increíblemente, el jueves 5 de diciembre, la mismísima persona que afirmó y firmó todo lo anterior, envió al Senado una nota pidiendo que esa cámara alta de nuestro Congreso apruebe el protocolo de adhesión de Venezuela a MERCOSUR sin ninguna condición como si “el mero transcurso del tiempo” restableciera por sí el imperio del Derecho.

En la nota, el presidente Cartes no menciona ninguno de los problemas reales constatados por él mismo en su nota del 12 de julio, los pasa por alto, los olvida, los pisotea. No habla de la violación del Protocolo de Ushuaia para suspender ilegalmente a Paraguay, no habla de qué hicieron los que nos castigaron para enmendar su error, no habla de la violación del Tratado de Asunción y del Protocolo de Ouro Preto de la que se valieron Argentina, Brasil y Uruguay para imponer ilegalmente el ingreso de Venezuela al bloque y, por supuesto, no menciona ninguna reparación que haya recibido Paraguay por ambos actos ilegales.

Brasil, Argentina y Uruguay no dieron paso alguno para garantizar a nuestro Paraguay el restablecimiento del principio del consenso (Tratado de Asunción, Protocolo de Ouro Preto) reemplazado por el principio de mayoría (Cumbre de Mendoza) y tampoco dieron paso alguno para reparar la ilegal suspensión de Paraguay por la violación del Protocolo de Ushuaia usada para suspendernos.

Esto significa en términos prácticos que Paraguay carecerá de instrumentos jurídicos de vigencia real para equilibrar el peso específico de Brasil en la toma de decisiones que comprometen al bloque y que acepta pasivamente los resultados del conculcamiento de sus derechos soberanos.

Brasil impondrá sus intereses al bloque y Paraguay profundizará el camino de convertirse en provincia económica de Brasil en los años que vienen.

En consecuencia, los paraguayos tenemos derecho a pensar legítimamente que, dado que nuestro país no fue compensado en modo alguno por Brasil, Argentina y Uruguay, el presidente Horacio Cartes está tomando esta decisión de aceptar a Venezuela en MERCOSUR por alguna otra causa que no ha sido dada a conocer.

Si el presidente de la República no trabaja por el interés general del Paraguay, tal como él mismo lo definió en su magnífica nota del 12 de julio de 2013, el pueblo paraguayo tiene derecho a saber qué intereses reales son los que defiende Horacio Cartes desde el cargo que le confió el pueblo paraguayo. O qué debilidad suya le permite a Brasil imponerle la claudicación.

Todos los que ahora votarán en el Senado a favor de esta sumisión de nuestra República han declarado públicamente ser concientes de la prepotencia brasileña en MERCOSUR y aún así insisten en que la mejor receta para hacerle frente es someternos a ella y obedecerla.

Julio César Velázquez el pasado martes 3 de diciembre y Enrique Bacchetta el pasado jueves 5 de diciembre mostraron, en la 9.70 AM, ser plenamente concientes de esa prepotencia brasileña y aún así nos impondrán la sumisión, al aceptar, como exige Brasil, el ilegal ingreso de Venezuela al bloque sin ninguna reparación a los derechos paraguayos.

Horacio Cartes está poniendo punto final al gran esfuerzo nacional iniciado tras la Cumbre de Mendoza de MERCOSUR para afianzar una política exterior y una política comercial independientes de Brasil, encaminada a fortalecer vínculos con la Alianza del Pacífico y con los países norteamericanos y europeos que nos apoyaron en aquellos días tremendos.

Pasará a la historia, seguramente, como uno más del monton de políticos colorados funcionales a Brasil, de la misma clase que aquellos que entregaron Itaipú para financiar el desarrollo de Sao Paulo. Una pena.

 

Artículo publicado en la edición del domingo 8 de diciembre de 2013 en La Nación ()

Instituciones contra prebendarios

Enrique Vargas Peña (foto de Paraguay.com)

La gran movilización popular que logró el desafuero de Víctor Bogado, pero que no se debe detener en él pues no es el único sobre quien caben sospechas de conducta irregular, nos obliga a los paraguayos a impulsar una reforma amplia de nuestro sistema de controles sobre el Congreso Nacional.

Reitero que creo y sostengo que un Congreso poderoso como el diseñado en nuestra Constitución es sano y absolutamente necesario para mantener la democracia, la libertad y el progreso en nuestro país, pero los hechos demuestran que el poder sin control, aún el de órganos colegiados, sufre la lógica del poder enunciada por lord Acton: “el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Los miembros de nuestro Congreso no son personas especialmente perversas. Son personas normalmente ambiciosas con demasiado poder sin control. En consecuencia, tenemos la obligación de establecer en las leyes los frenos y contrapesos a ese poder de los miembros del Congreso.

Pero tenemos que tener el cuidado de no confundir el tipo de controles que requiere el poder de los miembros del Congreso con menoscabar las potestades del Congreso pues hay autoritarios que ya están pretendiendo que esos controles consisten en reducir al Congreso a lo que era en tiempos de Estigarribia y Stroessner o a lo que es la Asamblea venezolana: Un adorno legitimador de un Ejecutivo dictatorial.

El tipo de controles que requiere el Congreso debe diseñarse para asegurar que sus integrantes no abusen particularmente del poder como ocurre en nuestro país. Esos controles deben situarse sobre cada integrante del Congreso y no sobre el Congreso como institución, que debe mantenerse como el poder más importante del Estado.

El primer control que podemos establecer, ya para las elecciones municipales de 2015, es el desbloqueo de las listas sábana. Por la sencilla razón de que la integración actual de las listas se hace sin participación directa del pueblo. En consecuencia, hay que dar al pueblo el poder de decidir en qué lugar de la lista estará cada uno de los que la integran por decisión de los caciques políticos que, lastimosamente, seguirán decidiendo quiénes entran en las listas mientras tenga vigencia el Artículo 118 de nuestra Constitución (representación proporcional).

Esto dará al pueblo el poder de castigar a los políticos de mala fama antes de que entren al Congreso, o a las Juntas departamentales y municipales, y eventualmente, podrá evitar que entren por el expediente de enviarlos a los últimos lugares de las listas. El desbloqueo debe ser doble, en las internas de las organizaciones políticas y en las elecciones nacionales o municipales.

El segundo control que debemos establecer es la revocatoria del mandato mediante la reglamentación de la segunda parte del Artículo 201 de nuestra Constitución que castiga, ya ahora, con la pérdida de investidura (expulsión del cargo) a los miembros del Congreso que trafiquen con influencias.

El mismo Congreso puede hacer hoy una ley reglamentaria que establezca, por ejemplo, que cuando un miembro del mismo sea acusado de tráfico de influencias, en los términos de una nueva y más amplia ley sobre el tema, la Cámara a la que pertenece quede obligada a no prestarle la protección de los fueros y, en caso de condena, a imponerle la pérdida de la investidura. Sigo en esto la idea del senador Blas Llano, que propuso que el Congreso determine pronto, mediante una ley, en qué casos dará directamente el desafuero.

La ley de tráfico de influencias debe incluir a todos los miembros del Congreso, las Juntas departamentales y las Juntas municipales y debe eliminar el requisito del “beneficio propio” que ahora le dan los fiscales para no usarla. El legislador que “recomiende” a alguien para que le den un cargo en cualquier institución pública, debe ser considerado traficante de influencias.

El tercer control es la reglamentación de los fueros. Esta reglamentación puede establecer que el Congreso no retirará los fueros en los procesos por difamación, calumnias e injurias que se abran contra miembros del Congreso, ni en los referidos a acusaciones por supuestos abusos en el desempeño del poder de investigación del Congreso, pero que retirará automáticamente los fueros en todos los demás procesos penales, especialmente en los referidos a enriquecimiento ilícito, nepotismo, violaciones de las leyes de la función pública y prácticas prebendarias (tráfico de influencia para regalar cargos públicos).

Un cuarto control debe ser el establecer una ley para funcionarios legislativos que determine clara y taxativamente el número de funcionarios de confianza que puede tener cada legislador; que esos funcionarios entran a la función cuando lo hace el legislador que los nombra y que salen de la función cuando lo hace ese legislador y que todos los demás cargos se llenarán mediante concurso público de méritos y aptitudes.

Accesoriamente, es fundamental completar el sistema de inscripción automática para que se beneficien de ella todos los paraguayos mayores de dieciocho años, lo cual eliminará a los contratados de Justicia Electoral.

También es imperativo establecer, también para el 2015 ya, el sistema de internas simultáneas, lo cual eliminará a los operadores políticos multiafiliados.

Y finalmente, es urgente aprobar el proyecto del diputado Romero Roa sobre publicidad obligatoria de las listas de funcionarios (incluidas las binacionales) con sus nombres, apellidos, cédulas de identidad, función, concurso que ganó para desempeñar el cargo, función para la que se le contrató, antigüedad y evaluación de desempeño.

Si los miembros del Congreso traban estas reformas, estarán predisponiendo a la ciudadanía a aceptar que venga alguien que, como Hugo Chávez en Venezuela, reduzca a los órganos de representación popular a ser bufones complacientes de un Ejecutivo omnipotente.

 

Artículo publicado en la edición del domingo 01 de diciembre de 2013 de La Nación ().