Los pitbull

Enrique Vargas Peña (foto de hdwallpaperscool.com)
Hay, de cuando en cuando, asuntos que conmueven a la sociedad y que muestran en nivel cultural en que se encuentran algunos de sus integrantes. El tema de los perros de la raza pitbull, uno de cuyos ejemplares mordió a una señora que luego de varios días falleció, es uno de ellos.
Mariana Ladaga, corresponsal de radio 9.70 AM en Ciudad del Este, resumió los hechos el 6 de mayo, relatando que “Sandra Liliana Núñez, de 29 años, falleció a las 17:30 horas en Ciudad del Este. La mujer había sido atacada por un pitbull el pasado 26 de abril en la fracción Mburucuyá, de dicha ciudad. En esa oportunidad, Núñez se encontraba en compañía de su marido Gustavo Morínigo, y en un momento dado escuchó ruidos provenientes del patio y la mujer salió a ver qué ocurría. Grande fue la sorpresa, al ver que dos perros estaban a punto de atacar a su hija de cinco años. La madre decidió apartar a la niña de los animales, y en medio del intento fue brutalmente atacada por uno de los canes, que le dejó la pierna destrozada. Un vecino llegó y mató a balazos al perro para evitar que continúe mordiendo a la mujer. Posteriormente, la víctima fue derivada a un centro asistencial, donde la sometieron a cuatro intervenciones quirúrgicas. La mujer sufrió la amputación de su pierna, pero lamentablemente no resistió” ().
Según Wikipedia, la raza pitbull está observada en varios estados norteamericanos y en varios países porque entre los ataques registrados de perros a humanos, los protagonizados por pitbulls tienen la mayor incidencia ().
La raza pitbull empezó a generarse en Ingleterra en la primera mitad del siglo XIX principalmente como perro de lucha mezclando a los bulldogs con los terriers y, por tanto, los genetistas buscaron caracteristicas apropiadas para su propósito y lo lograron hasta el punto que el pitbull ha sido preferido en muchas unidades de seguridad norteamericanas para realizar sus operaciones.
Eso, que obviamente tiene consecuencias conductuales, no convierte, sin embargo, a los pitbulls en monstruos que merezcan ser exterminados en masa, como insinuan muchos ciudadanos en las redes sociales.
El pitbull, como cualquier otro perro, tiene un nivel de comprensión de las cosas obviamente limitado por su condición animal y esta condición le condiciona absolutamente, como a todos los animales, a moverse instintivamente y no racionalmente.
Lo que eso implica es que el pitbull requiere un determinado entrenamiento y un determinado cuidado. Con el entrenamiento y el cuidado adecuados, el pitbull puede ser tan buen amigo del hombre como cualquier otro perro doméstico.
El perro no tiene posibilidad física alguna de comprender algunas de las cosas que los seres humanos damos por sentadas. Ningún perro, ni el pitbull, ni el salchicha, el lasha o el pequinés. El tamaño y el desarrollo de su cerebro no se lo permite.
Pero el ser humano, al menos el ser humano mínimamente educado, es decir dotado del nivel de conocimientos básicos requeridos por la convivencia en sociedad, sí tiene posibilidades de entender las limitaciones de los perros y sus conductas, que son previsibles porque son instintivas.
El ser humano sí puede comprender que el perro lee ciertos actos como una amenaza ante la que actuará automáticamente, instintivamente. Es el ser humano el que es capaz de prevenir esas situaciones. El perro no puede hacerlo aunque se encuentre muy bien entrenado.
Luego, es el ser humano el que puede evitar esas situaciones. No el perro.
La gente que está sugiriendo el exterminio de los pitbulls pretende atribuir a estos perros la condición humana de ser capaces de determinar ellos, que no son más que animales, las consecuencias morales de sus actos posibles y les exigen que adecuen su conducta a discernimientos morales.
Y atribuir eso a los perros es una confesión de ignorancia grosera, es admitir que no se conoce la diferencia entre el ser humano y el animal. Es patético.
Dije en la 9.70 AM que la asociación fructífera entre perros y seres humanos tiene diez mil años de antigüedad y me equivoqué. Hay evidencias arqueológicas que demuestran que los hombres y los perros convivimos felizmente asociados desde hace unos treinta y tres mil años ().
Son muchos años y demuestran que, en efecto, la asociación es fructífera, feliz y probadamente conveniente para ambos, el ser humano y el perro.
Pero ocurre que es muy fácil, y para muchos muy conveniente, culpar a los perros de las torpezas humanas y sacrificar al pitbull para no investigar si Sandra Liliana Nuñez murió por las mordidas de un perro o porque los médicos que la atendieron no hicieron bien su trabajo.

Artículo publicado en la edición del domingo 11de mayo de 2014 de La Nación ().

Poco que celebrar

Enrique Vargas Peña (foto de politicapy.com)

El próximo sábado 10 de mayo, el sector oficialista del Partido Colorado (Asociación Nacional Republicana, ANR) festejará el primer aniversario de la vitoria electoral que el 21 de abril de 2013 convirtió a Horacio Cartes en presidente de nuestra República. 

Allegados al presidente del Congreso, Julio César Velázquez, proporcionaron a la prensa algunos elementos de convicción que permiten sospechar que el festejo no será una expresión de libre entusiasmo de los afiliados a la ANR, sino una repetición obscena de la vieja práctica colorada de la dictadura de Alfredo Stroessner de obligar a los funcionarios públicos (prebendarios que deben sus cargos a recomendaciones políticas en violación de la ley 1625 de la Función Pública) a asistir a dicha celebración sopena de castigos (). 

Lo señalado por esos amigos del senador Velázquez es consistente con la conducta de varios presidentes de seccionales coloradas, específicamente las de Nueva Italia, Villeta () y Troche (), involucrados, según denuncias, en la comisión de irregularidades para hacer trampa en los concursos de méritos y aptitudes convocados para contratar gente en la Administración Nacional de Navegación y Puertos (ANNP) y en Petropar, a fin de favorecer a afiliados de la ANR y excluir a los demás paraguayos que competían por los cargos mencionados. 

La recomendación política para ocupar cargos públicos no solamente viola la ley 1626, sino que viola muchos artículos de nuestra Constitución: Viola el Artículo 46 que implica que los afiliados a los partidos políticos no tendrán privilégios frente a los demás paraguayos (“No se admiten discriminaciones”); viola el Artículo 47 que establece que la idoneidad y no la afiliación es el título de acceso a la función pública; viola el Artículo 88 que ordena al Estado no privilegiar las preferencias políticas de los ciudadanos y viola el Artículo 101 que ordena que los cargos públicos estén a disposición de todos los paraguayos y no solamente a la de los afiliados a los partidos políticos. 

A pesar de las numerosas y clarísimas disposiciones de nuestra Constitución y de la ley, ningún fiscal, ningún agente del Ministerio Público, ha procesado jamás a ningún político de los que las violan a diario y sistemáticamente. Ni a ningún senador o diputado de los que, al hacer recomendaciones de las que se enorgullecen en público, violan el Artículo 201 de nuestra Ley Fundamental que  condena con pérdida de investidura a los que usen su influencia para desconocer nuestra Constitución y la ley. 

En síntesis, un porcentaje importante de la ANR, principal pero no unicamente el que se aglutina en el oficialismo que da soporte político al presidente Cartes, no tiene intención alguna de establecer algún “nuevo rumbo” en la manera de administrar el Estado sino que persiste machaconamente en repetir lo peor del Partido Colorado de la época de Stroessner. 

De paso, es necesario decir que el principal partido de oposición, el Liberal Radical Auténtico (PLRA), no critica esta manera prebendaria de administrar el Estado por la sencilla razón de que sus líderes son iguales, absolutamente iguales, a los recomenderos de la ANR, tanto como una gota de agua se parece a otra gota de agua. Y cuando pueden, hacen exactamente lo mismo. Por eso están hoy en silencio. 

Por supuesto, los responsables de dirigir a la ANR no han abierto ninguna investigación sobre los seccionaleros de Nueva Italia, Villeta y Troche acusados de intentar hacer trampa en concursos de méritos con el objeto de excluir a paraguayos no afiliados del acceso a cargos públicos; ni cabe esperar ningún castigo de su parte. Ni siquiera ha habido un pronunciamiento, en cualquier sentido, de la ANR sobre esos concursos, lo que muestra dónde está verdaderamente la voluntad política de sus responsables. 

Tengo la impresión de que los políticos de la ANR no han logrado comprender el problema que su prebendarismo inveterado causa a nuestro Paraguay y que prefieren mirar para otro lado con el fin de seguir aprovechandose indebidamente de los impuestos que pagan los paraguayos. 

No comprenden que cada recomendado deja fuera de la administración a un paraguayo con mejores aptitudes para hacer el trabajo, condenando al sector público a una ineficiencia crónica y grave; no comprenden que la cantidad de recomendados nada tiene que ver con las necesidades reales de funcionarios, obligándonos a gastar el noventa por ciento de los ingresos tributarios en salarios injustamente pagados que, a su vez, impiden que se construyan escuelas, hospitales, rutas, para que los paraguayos sean mejores; no comprenden que con recomendados no se puede negociar solventemente en Itaipú, ni en Yacyretá, ni se puede ganarle a los terroristas del EPP, ni se logra tener una administración decente de justicia; no comprenden la injusticia de haber dividido a nuestro Paraguay en paraguayos de primera, los afiliados a los partidos, y paraguayos de segunda, los no afiliados. 

Sin embargo, los resultados del prebendarismo están a la vista y nos perjudican a todos, excepto a los políticos: La peor infraestructura del continente después de Haití, la peor cobertura sanitaria, la peor cobertura de cloacas y agua corriente de Sudamérica, el menor uso de energía eléctrica en cocina del hemisferio, la peor calidad de educación en Mercosur pero, eso sí, el mayor gasto para funcionarios públicos de la región. 

Y todavía, con un cinismo sin igual, estos políticos prebendarios acusan a Stroessner, que se fue hace veinticinco años, de todo aquello, cuando está claro que son ellos, los políticos prebendarios, los que han optado por agravar los males atribuibles a la dictadura. 

No hay nada que celebrar el 10 de mayo. La ANR volvió al poder pero para hacer lo mismo que siempre hizo. Tal vez por eso pocos irán libre y espontaneamente al festejo de los colorados pues todos vemos ya que los seccionaleros y los políticos no han cambiado y que no piensan cambiar. 

Artículo publicado en la edición del domingo 4 de mayo de 2014 de La Nación ().

Para libros, menos del uno por ciento

Enrique Vargas Peña (foto de abc.com.py) 

Marta Lafuente, ministra de Educación, me sorprendió el pasado 23 de abril, cuando la entrevisté en la 9.70 AM, al revelar que menos del uno por ciento del presupuesto del ministerio a su cargo se usa para adquisición de libros y bibliotecas para el sistema público de enseñanza. 

El 22 de abril, el día anterior, el diario Ultima Hora publicó una estadística que explica el escaso presupuesto para libros y bibliotecas: Los políticos de nuestro Paraguay han logrado que nuestro sector público sea porcentualmente el que más gasta en salarios de funcionarios, más de cuarenta por ciento del total del presupuesto se destina a salarios, contra veinte por ciento de Chile, diecinueve por ciento de Uruguay o diecisiete por ciento de Argentina (). 

Germán Rojas, ministro de Hacienda, me confirmaba, también en la 9.70 AM el 23 de abril, que eso implica que alrededor del noventa por ciento de todos los recursos tributarios que recauda el sector público se destinan al pago de salarios de funcionarios que integran la burocracia. 

Vale agregar que en el camino de sus dispendios, la clase política tiene el dudoso mérito de no solamente olvidar la compra de libros y la creación de bibliotecas, sino de haber condenado a nuestro Paraguay a sufrir la segunda peor infraestructura vial del Continente y una de las peores del mundo (). 

Creo que estos datos son suficientemente elocuentes como para pintar de cuerpo entero a la clase política paraguaya con rasgos que ninguno de sus integrantes puede ocultar. 

Los paraguayos nos libramos de los terremotos y de los tsnunamis, pero para causar el mismo o peor daño tenemos a nuestros políticos. 

La clase política paraguaya, mayormente aglutinada en los partidos Colorado (Asociación Nacional Republicana, ANR) y Liberal (Partido Liberal Radical Auténtico) aunque no únicamente en ellos, prefiere claramente gastar el dinero que el pueblo le da mediante sus contribuciones en crear salarios para sus amigos, aliados y clientes que en aplicarlo en dar a la gente que paga esas contribuciones la oportunidad de salir de la ignorancia o de ser competitiva. 

La clase política paraguaya, y nadie más, es la que controla el presupuesto general de gastos de la Nación. Lo ha controlado en los últimos veinticinco años y, por tanto, no tiene ninguna excusa, ningún pretexto, detrás del que pueda ocultarse para eludir su culpa en esta asignación de los recursos. 

La clase política paraguaya es, en consecuencia, la responsable exclusiva y excluyente, de mantener el círculo vicioso por el que se mantiene al pueblo en la ignorancia; como el ignorante no califica para trabajar en lugares que requieren algún conocimiento, se ve compelido a convertirse en cliente de algún político para obtener recursos para él y su familia; esos recursos los políticos los obtienen del sector público cuyo presupuesto controlan, y los asignan a esos salarios que crean sacrificando la compra de libros y la creación de bibliotecas con lo que aseguran que nadie salga de la ignorancia que les proporciona clientes. 

Mucha gente cree que nuestra nefasta y perjudicial clase política es el reflejo de nuestra sociedad. Eso es una mentira que no se sostiene ante ningún análisis serio sobre su composición. 

Nuestra clase política no surge de la voluntad del pueblo paraguayo. Es la excrecencia de componendas realizadas entre gallos y medianoche, a escondidas entre cuatro paredes, por no más de diez personas (Horacio Cartes, Luis Castiglioni, Javier Zacarías, Juan Carlos Galaverna, Nicanor Duarte Frutos, Blas Llano, Federico Franco, Efraín Alegre, Fernando Lugo y, hasta su muerte, Lino Oviedo), los autodenominados líderes de los movimientos internos de las organizaciones políticas quienes son los que designan, a dedo, a los integrantes de las listas de candidatos (listas sábana) por las que después, y sólo después, podemos votar los paraguayos sin demasiadas posibilidades de elegir siquiera el orden en que esos designados estarán en dichas listas. Este esquema se replica regionalmente para los liderazgos locales (Ramón Gómez Verlangieri u Oscar González Daher). 

Y como, además, las elecciones internas de las organizaciones políticas movilizan principalmente a las clientelas pagadas con dinero público de los jefes políticos, se tiene que las mismas no reflejan tanto la voluntad libre de los afiliados, como los condicionamientos que esos jefes políticos imponen a aquellos a quienes favorecen con el presupuesto. 

Las excepciones que se puedan encontrar a lo dicho en los dos párrafos anteriores (Carlos Portillo o Enrique Bacchetta) solamente confirman la regla. 

Para preservar este esquema absolutamente perverso, los partidos tradicionales ya están buscando excusas para no implementar el desbloqueo de listas (). 

Cuando se analiza a quiénes designan los jefes políticos para integrar las listas, se observa fácilmente que hay un gran ausente, el principio de representatividad. Las listas sábana no se integran para satisfacer las necesidades de la gente, sino para satisfacer los intereses de los jefes políticos. 

Me confesaba, en efecto, el diputado colorado por Itapúa Walter Harms, en la 9.70 AM el 22 de abril, que actualmente los integrantes de las listas sábana elegidos para desempeñar cargos electivos “están hipotecados” a esos jefes, incluso patrimonialmente hipotecados. 

Luego, es obvio que nuestra clase política no es reflejo de la sociedad paraguaya sino de los jefes políticos y, por si faltaran evidencias, lo prueba de modo difícilmente controvertible la manera en que usan los recursos públicos, menos del uno por ciento del presupuesto de educación en comprar libros o crear bibliotecas y alrededor del noventa por ciento de los ingresos tributarios para pagar a sus clientelas.