POETAS, POETISAS Y POETUCHOS

La mayoría de las personas que habitan nuestro planeta tienen una idea somera de como se escribe. De estas solo un diez por ciento lo hace con algo de coherencia al hilar las oraciones. 

Luego podríamos tomar otro diez por ciento más, para tener un grupo de gente que escribe aceptablemente y luego finalmente quedaría un resto de un cinco por ciento que si lo hace muy bien. 

Esto viene a raíz que he notado un fenómeno cada vez, más seguido, gente muy joven y la que no lo es tanto, se me acerca pidiéndome que le dé mi impresión sobre sus escritos. No voy a negar de ningún modo que eso me llene de orgullo, el que toda esta gente respete mi humilde opinión, pero también me causa cierta dosis de sorpresa. 
Por lo general, la gente tiene el concepto que escribir y ser escritor es prácticamente la misma cosa y nada está más fuera de la realidad. La mayor parte de esas personas son adolescentes, de ambos sexos, que han escritos una gran cantidad de versos en una etapa de completa ebullición hormonal. 
Por lo que solo, con las primeras palabras y varios años de experiencia en la docencia, me garantizan positivamente saber como es que va a finalizar aquella aburrida película. 
Lo que los adolescentes y los mayorcitos escriben son por lo general temas recurrentes inspirados por ideas que caen siempre en lugares comunes o la vulgaridad. 
El primero de una lista imaginaria de asuntos tratados puede ser el triste amor no totalmente correspondido que corroe el corazón del despechado. El segundo, sin duda alguna es sobre el amor abandonado que ha sido cambiado por otro amor. 
Y entonces comienza una lloradera infernal que solo termina con nuestro sufrimiento en la última estrofa. Luego le tocaría el turno a la infidelidad y los celos desmedidos, ambos temas que devoran ríos de letras y permiten que cientos de violines llorones abran las compuertas de los lacrimales y desaten cataratas de lágrimas corriendo por las mejillas. 
Posteriormente le tocaría el turno al inconsolable y tristísimo tema de la soledad, un área muy sensible, donde la tristeza campea del principio al final. Leer este tipo de poesía junto con aquella que se refiera a la frustración personal, indudablemente lo conducirá de manera directa y sin escala intermedia, a una profunda depresión, de la que le costará bastante salir. 
Creo que los libros que contengan este tipo de literatura, deberían de incluir dentro del precio, una soga resistente para colgarse luego de la última estrofa. 
Excluí del comentario anterior al tema de la muerte, ya que no siempre es tan deprimente, debido a que por lo general, se la pinta como algo irremediable e imposible de eludir, pero no tan malo ni tan triste como la ya nombrada soledad y la depresión. 
Pasa exactamente lo mismo hablando del suicidio, que por similitud de temática, los versos derramados sobre el papel hablarán de la maravilla de la autoeliminación como una forma de evitar seguir sufriendo horrorosamente de mal de amores, parientes cercanos muertos, pérdida de trabajo o adelantarse a un próximo deceso por enfermedad incurable. 
También se utilizan como motivos inspiratorios a la belleza del campo, al gran amor maternal como primer paso ante una recorrida por toda la familia más cercana, terminando siempre con el olvidado abuelito. 
La religión ha tenido su época de gloria, tanto en la vieja Europa como en América y en la que protagonizó un verdadero monopolio poético. De esa manera tomaron el centro de atracción, las vírgenes, los santos y los mártires que desfilaron incesantemente para mostrarnos sus maravillosos y deslumbrantes milagros. 
Otra de las opciones más conocidas dentro de la poesía es aquella a quien se la llama social o de protesta y que le permite al autor despotricar a sus anchas contra todo lo establecido o que esté fijado al suelo. 
Por lo general no deja títere con cabeza y ataca a todo lo que se mueve. De una apariencia algo descuidada, al autor le encanta parecerse a estereotipo del bohemio de la década de los 70 del siglo pasado. 
Una barba muy poco cuidada, una remera algo sucia, unos jeans ultra gastados y un par de tenis a punto de recibir su jubilación, completan su apariencia característica. 
Muchos de estos, que más parecen simples recolectores de latitas vacías de cerveza en vez de artistas líricos. Algunos suelen ser demasiado arrogantes y pretenden que se los llame revolucionarios. 
Son esos mismos que echan pestes del capitalismo, que culpan de todos los males de la tierra al gobierno de un solo país y ponen por los cielos a un país caribeño, dominado por una tiranía de más de cincuenta años. 
Sin embargo, apenas comienzan a beber las mieles del éxito, compran pares de tenis de 400 dólares, de cuero de nonato de canguro, que en una época tanto se oponían. 
“Pura hipocresía perdida entre las estrofas vacías de verdadero contenido” decía un viejo poeta anónimo, quien defendía la postura que la poesía es mucho más un sentir que un saber escribir. 
Él afirmaba que conocemos a gente muy sencilla que trasmite sentires realmente exquisitos con toda la naturalidad del mundo. Y no estoy en contra de esto, pero también siempre estará totalmente limitado por su propia ignorancia. 
Es lo mismo que no se le puede llamar músico a una persona que no sabe leer una partitura, debido a que sería un ejecutante solista con un techo muy bajo y que no le permitiría crecer al no poder tocar en una pequeña orquesta.
Lo mismo sucede con aquellos que escriben un par de versos sencillos pero que sus amigos adulones le hacen creer que es un Pablo Neruda o un Amado Nervo. 
Hay cosas que no se pueden ni siquiera discutir porque ellos son auténticos postulados. Se puede tener toda la sensibilidad exquisita del mundo, pero si no se tiene el soporte técnico que lo apoye, entonces no llegará lejos. 
Porque las faltas ortográficas, la carencia de un buen vocabulario, la poca práctica en el uso del diccionario, la resistencia para el aprendizaje de informática, omisión completa de la gramática, y la poca lectura, seguro que conspirarán en contra de los postulantes a poetas. Mientras ellos no se capaciten seguirán siendo en mi concepto, unos pobres poetuchos y poetuchas.

SOAT

Enrique Vargas Peña (foto de abc.com.py)

A mi modo de ver, el seguro obligatorio del automóvil (SOAT) es un instrumento conveniente, no para reducir los accidentes de tránsito (hay estudios norteamericanos que indican que no los reduce) sino para garantizar la cobertura médica de quienes sean víctimas de siniestros en el tránsito.

Pero de esa conveniencia no se deduce que cualquier ley de seguro obligatorio del automóvil sea aceptable. No porque el seguro sea conveniente debe esgrimirse como excusa para establecer un oligopolio de las empresas aseguradoras para administrar fondos públicos; no porque sea conveniente se puede pretextar el establecimiento de sistemas de cobro propios de un tiempo tecnológico superado; no porque sea conveniente se debe aceptar que el mismo imponga un período de pagos sin contraprestaciones y no porque sea conveniente el mismo puede violar nuestra Constitución.

Nuestro país vivió décadas sin el seguro y puede muy bien vivir unos meses más sin él para hacer una ley correcta, porque la actual ley de SOAT no lo es dado que establece un oligopolio, no incorpora facilidades de pago, no brinda prestaciones desde que se adquiere la póliza y viola nuestra Constitución.

Los fondos recaudados por la imposición de un seguro obligatorio debe administrarlos el Estado y solamente el Estado, con plena sujeción a todas las normas de procedimiento y control que rigen para la administración pública. Nuestra experiencia en tercerizar la administración de fondos públicos es lo suficientemente nefasta como para que se pueda creer en la inocencia de quienes la proponen.

La actual ley de SOAT establece que un directorio de compañías aseguradoras privadas administrará esos fondos, lo cual formaliza un oligopolio (“1. m.Econ. Concentración de la oferta de un sector industrial o comercial en un reducido número de empresas”), similar al de la Secretaría del Transporte del Área Metropolitana (SETAMA), que viola el Artículo 107 de nuestra Constitución.

El tomador, obligado, del seguro debe poder pagar la póliza con toda la comodidad que establece el actual, o futuro, desarrollo de las tecnologías de pago y sin monopolios (la empresa “Aquí Pago” es beneficiaria de la tarea de cobranza de la actual ley de SOAT, sin licitación alguna).

No puede ser que a esta altura de los avances tecnológicos se obligue a los ciudadanos a usar el servicio de una sola empresa o a ir hasta las oficinas municipales para pagar una cuenta que puede ser abonada en varias redes de cobranza (no sólo la de “Aquí Pago”), en las redes de pago telefónico (como las de Tigo o Personal) o en los bancos y financieras.

Los políticos que hicieron la actual ley de SOAT no pensaron, nunca piensan, en la comodidad ni en los derechos de los usuarios, solamente piensan en recaudar para sus beneficiarios o para ellos mismos.

Como solamente piensan en eso, los políticos que hicieron la actual ley de SOAT dejaron sin cobertura a los supuestos asegurados durante seis largos meses, “hasta que haya fondos”, no solamente violando cualquier sentido ético del concepto “seguro” sino desconociendo que los índices de uso de un seguro permiten brindar la prestación desde el día mismo en que se adquiere la póliza como lo ocurre en todas las aseguradoras privadas.

En realidad, esta enajenación grosera de los derechos de los supuestos beneficiarios de SOAT no es otra cosa que una operación financiera que beneficia seguramente a alguien, menos al que paga.

Por esta misma razón es que esos políticos no establecieron la convalidación automática de los seguros de las personas que hayan contratado seguros privados voluntarios que brinden las mismas prestaciones que la actual ley de SOAT.

En una sociedad libre, el consenso social puede establecer la conveniencia de un seguro obligatorio pero, existiendo alternativas, cada ciudadano elige la que mejor le parece. Esto es lo mismo que ocurre con el sistema de seguro social (IPS), cuya regulación impide hasta hoy que cada ciudadano elija libremente si quiere o no padecer los pésimos servicios del IPS o si prefiere pagar otro, obligando a mucha gente a un doble pago que no es necesario (para prestaciones similares).

Finalmente, la actual ley de SOAT, según me explicaron los abogados José Casañas Levi y Benito Torres (asesor de la municipalidad de Asunción), viola nuestra Constitución también en lo que respecta a la autonomía municipal.

La autonomía municipal no es un mero adorno de nuestra Constitución. Es el resultado de haber comprendido, después de dos siglos de centralismo, que el ciudadano es mejor servido desde su comunidad local que desde un lejano centro de toma de decisiones.

Como en el caso de la Inspección Técnica Vehicular, a los políticos que hicieron la actual ley de SOAT no les interesó eso, sino solamente la recaudación y por eso impusieron en esta ley a los municipios un sistema que deposita de hecho en el gobierno central la habilitación de los vehículos para circular mediante el expediente de convertir en paso previo para ella la tenencia del seguro, violando al menos los Artículos 166 y 168 inciso 8 de nuestra Constitución.

Creo que los municipios tienen razón en esto, pero adelanto que llevan las de perder pues la Corte Suprema de Justicia es en esto juez y parte pues administra el Registro Único del Automotor (RUA), tan violatorio del 168 como la actual ley de SOAT que en este aspecto solamente se aprovecha del precedente del RUA y, por tanto, cuando los municipios recurran ante ella a pedir la inconstitucionalidad de la actual ley de SOAT la Corte fallará contra ellos pues de lo contrario fallaría contra sí misma.

Una ley de seguro obligatorio del automóvil que establezca un oligopolio, que no incorpore las facilidades de pago que la tecnología permite, que no brinde prestaciones desde que se adquiere la póliza y que viole nuestra Constitución no es aceptable, no debe ser aceptada y debe cambiarse radicalmente o derogarse.

Artículo publicado en la edición del domingo 12 de enero de 2014 de La Nación ().

PUBLICIDAD Y VIOLENCIA DOMESTICA

Debo de ser uno de las pocas personas que utilizan a la red social Facebook, como fuente de inspiración para mi trabajo. Allí encuentro todo el material que necesito para armar mis escritos, y es por eso que le estoy muy agradecido. Recientemente una de mis amigas de dicha red social, editó un video de You Tube. 


Allí se podía ver, de un modo bastante subjetivo, como la publicidad se ensañaba con la mujer, al utilizarla como un mero objeto sexual o una simple vidriera de carnicería. Según este trabajo realizado por tres alumnas de la Universidad de Saskatchewan, donde se puede ver como los hombres, a través de la publicidad, estereotipan y ridiculizan a la mujer. 
Y para demostrar cuan hirientes les resultaba esto a las mujeres, en el video, es que invierten los roles y toman a hombres algo fuera de forma, parodiando las mismas posturas que antes lo habían hecho sensuales mujeres. 
Todas estas son propagandas de casas comerciales multinacionales, la mayoría conectada en los ramos de perfumería, artículos de higiene personal, automóviles y ropa deportiva. 
Es innegable que la serie de fotos de los hombres en posiciones similares al de las modelos resultan realmente grotescas. Pero es una forma muy válida para hacer entender al público que algunas mujeres se sienten menospreciadas, por ofrecer solamente su físico como única virtud. 
Esto es real y sucede diariamente y lo que estas estudiantes hicieron es una forma de encarar la cosa, sin embargo como decía mi finado abuelito: “hay muchas formas de destripar a un gato”, así como formas de ver la misma situación. 
Según mi modesta forma de entender, se puede analizar ese video desde un punto de vista muy diferente y sin desmerecer a las otras opiniones. 
Todos estamos de acuerdo con que el estereotipo es un modo de ver con cierta exageración y tono de burla, y que durante todo el día, afrontamos decenas de estereotipos dirigidos hacia nosotros o bien somos actores activos o testigos mudos de bromas enviadas tanto a conocidos o desconocidos. 
Y aquí hay dos caminos bien delimitados: o nos morimos de risa entendiendo que es una broma o lo que es peor, nos ofendemos y nos tomamos a las patadas con todos los que nos agredan o creemos que nos agreden. 
Y eso tiene mucho que ver con nuestro personal tipo de carácter que poseemos. Pero también la forma como nos conducimos ante la sociedad y el entorno que nos rodea.
Ahora bien, hay personas que permiten todo tipo de bromas y no los afecta pero otros saben poner un clarísimo límite entre lo que se entiende como chiste y lo que deja de serlo para tornarse algo ofensivo o provocativo. 
Para que sea mucho más entendible podría dar un simple ejemplo a modo de ilustración. Si tenemos a una gorda enfrente de nosotros y la llamamos por su condición física y no por su nombre, la culpa es enteramente de la persona que lo permite. Ya que es esta quien debe poner los verdaderos límites de su autoestima. 
Así también ocurre con la publicidad, ya que existen conceptos bastante distorsionados, por parte de las agencias, de lo que es bueno y de lo que es sumamente grosero y vulgar. Antiguamente la modelo exhibía a los productos, ya que estos eran el blanco de la divulgación.
Ahora las pautas indican que la modelo para promocionar cualquier producto, debe transgredir la delgada línea que separa el delicado erotismo de la agresiva y ofensiva pornografía. 
En este punto, existe cierta divergencia entre las mismas mujeres, quienes muchas culpan al realizador del visual, otras a los directores de las empresas y finalmente un pequeño grupo piensa que la modelo debería negarse a realizar fotos o videos que atenten contra la condición de la mujer. 
Habría también una cuarta opción antes no contemplada; por lo general el pago de honorarios por este servicio es realmente tan atractivo, que todos los escrúpulos van a parar directos al “freezer”. 
Sin embargo me llama mucho la atención que en este video se puntualice que la publicidad sea vergonzante para las mujeres, pero invertido los roles, resulta ridícula la presencia masculina al parodiar las poses femeninas. 
Pero esto es muy lógico ya que la belleza y la plasticidad que posee el cuerpo femenino no tienen comparación con el cuerpo masculino. Además ellas son una fuente inagotable de sensualidad aunque la misma mujer no se lo proponga. 
Pero también pone en evidencia que la publicidad agresiva, puede incitar a la violencia, como aquel famoso “spot” donde yace una mujer en el piso, rodeada de tres hombres, en una actitud que simula el comienzo de una triple violación. 
Si bien es cierto que el arte tiene muchas aristas y distintas formas de apreciarlo, este no se divide en bueno o malo si no en grosero y delicado. 
Ahora bien, que la publicidad induzca a la violencia doméstica, creo que es una afirmación bastante estúpida y totalmente fuera de contexto, y esto lo sostengo con verdadera firmeza porque la violencia contra la mujer existía mucho antes que nacieran los distintos medios de divulgación. 
La famosa estampa de la mujer siendo arrastrada de sus cabellos, por un cavernario, claro estereotipo machista, está tomada de una pintura rupestre encontrada en una cueva en Lascaux, Francia. 
En el video noto que existen varias discordancias, por un lado se exagera en que la publicidad denigra a las mujeres ya que aunque parezca mentira, mucho de los grandes productores de filmes publicitarios son mujeres. 
También no es menos cierto que muchas de esas poses, forman parte de los sueños eróticos frustrados, de infinidad de mujeres quienes además son grandes consumidoras de estos videos. 
Por otro lado tenemos que el machismo como el feminismo sienta posturas extremas y totalmente estúpidas ya que se alejan de lo que el sentido común aconseja: que los sexos se complementan, no compiten entre sí. Uno necesita del otro, ya que cada uno tiene cualidades que se completan.
 La violencia domestica tiene más que ver con la inseguridad personal y el miedo a quedarse solo, pero cuando llega el golpe, la presión psicológica o la coacción física es que nos enfrentamos a un insano mental no una persona sana.