EL MISTERIO DE LOS NIÑOS DESAPARECIDOS

Existen 1.200 niños y adolescentes que desaparecen por año en nuestro país. Estas cifras nuevamente fueron tomadas de conocidas ONGs europeas, norteamericanas, datos aportados por las Naciones Unidas y fuentes propias de investigación. 

Desgraciadamente en Paraguay el área de estadísticas no existe, por lo que siempre debo recurrir a datos obtenidos por extranjeros. 


Lo que aquí hablamos es de niños que simplemente desaparecieron, como por arte de magia, sin dejar rastro alguno. Como el caso de Karina Bernal, de 6 años de edad, que el 12 de enero de 2010 fue a comprar una latita de extracto de tomate y una botella de vino al almacén que dista 40 metros de la casa. Ella nunca llegó al almacén. Nadie la vio y hasta la fecha aún no se la encontró a la niña. 
Silvia Benítez, de 13 años, de Capiatá, salió de su casa, temprano como siempre, rumbo a la escuela. Los últimos testigos que las vieron, recuerdan que estaba esperando el ómnibus. 
A pesar que los padres no son ricos, pero están en una posición más acomodada, que el resto del vecindario. Jamás recibieron una carta de rescate. Hasta hoy no hay más datos sobre ella. 
Estas son apenas dos de las cientos de historias similares que se escuchan por todo el mundo. Prácticamente no pasa un solo día en que un niño o una niña desaparezcan sin saberse luego de su paradero. Padres destrozados por una tenaz angustia son el saldo triste que deja este fenómeno tan viejo como el mundo mismo. 
Los números son aterradores y van, por desgracia, en un constante aumento. Según la ONU, de Gran Bretaña desaparecen 70.000 criaturas por año, de China 60.000, 55,000 de la India, 20.000 de España, 12.000 de USA, Italia 1.850 y Bélgica 1.020 entre otros datos. Siempre los padres tienen la esperanza de encontrarlos, pero por desgracia, eso pasa muy rara vez. 
Según la teoría policial, es probable que ellos hayan caído víctimas de redes de prostitución, venta de menores o tratantes de esclavos, tráfico de órganos, mulas para el transporte de droga, pornografía infantil, mendicidad callejera, adopciones ilegales según pedidos u otros posibles destinos, que queda librado a la completa imaginación del lector. 
El drama de la desaparición de un niño comienza a las pocas horas que se produce el hecho, cuando los padres no pueden ubicar con certeza a su hijo. 
Con el correr de las horas la angustia de los padres se irá acentuando. Tras la denuncia en la comisaría de su jurisdicción, estos recorrerán un camino muy semejante al Calvario que debió andar Jesús. 
Porque en realidad es la tensa espera la que pone a prueba los nervios de los padres. A medida que transcurre el tiempo y no se tienen noticias, el dolor y la desesperación los hace estallar en llantos de impotencia. 
Es fundamental el papel de la policía en su papel de búsqueda especialmente durante las primeras 48 horas, que es crucial y casi decisivo. Cuanto más tiempo pase menor será la probabilidad de encontrarlo. 
Así también el rol que pueden prestar los voluntarios, los detectives privados y aunque resulte ridículo y descabellado, hasta aquellas personas que posean poderes psíquicos. En las horas más difíciles, todo recurso es válido y nada debe descartarse. La recolección de pruebas antes de las primeras 48 horas es prácticamente fundamental para que se produzca con éxito el posible hallazgo. 
Es indudable que debe ser la policía el coordinador de todos los esfuerzos individuales. Cada detalle cuenta en las primeras horas de la desaparición. 
Los medios de comunicación masiva deben tomar el protagonismo. Por eso es muy importante tener siempre fotos actualizada de los niños. 
Las entrevistas con los medios pueden ayudar tanto como que voluntarios repartan volantes con una foto en ellas y una somera descripción de la ropa que llevaba puesta la víctima, antes de perderlos de vista. 
Es importante que los padres junto con la policía hagan una reconstrucción mental y práctica de los últimos pasos probables que diera el niño o el adolescente.

Dos puntos fundamentales a tener en cuenta es que no siempre el sistema de recompensas funciona como debería, hacerlo, ya que esto atrae a muchos “chistosos” que insinúan tener datos concretos del probable paradero, pero que al fin son datos falsos que solo sirven para confundir y perder el tiempo. 

Tener una o dos líneas telefónicas directas ayuda sobremanera con el mantenimiento de una comunicación bastante fluida con todos los que participen en la búsqueda y en la centralización de todos los datos obtenidos. Esto se desprende del conocido Protocolo de Amber, un sistema impuesto en muchos países del mundo especializado en este tipo de suceso.

El día 13 de enero de 1996, una niña de nueve años, llamada Amber Hagerman Rene fue secuestrada mientras andaba en bicicleta en la vereda de su casa, en Arlington, Texas. Los padres de Amber, llamaron a los medios de comunicación y al FBI.

La ciudad conmocionada empezó a buscarla. Cuatro días después del secuestro, un hombre que paseaba a su perro encontró el cuerpo de Amber, en una zanja. Su asesino nunca fue encontrado, y su homicidio sigue sin resolverse.

Todas las conclusiones y experiencia de aquel trágico suceso fue tomado en cuenta para confeccionar el Protocolo de Amber, donde aconseja seguir fielmente ciertas reglas básicas que los conducirá finalmente hasta el niño o niña desaparecido. Otra de los ítems mencionados es que se refuercen los pasos fronterizos más cercanos al lugar de la desaparición. 

En algunos casos los mismos desaparecidos huyen de sus casas, por una infinidad de motivos, que van desde malas calificaciones, hasta maltrato y abuso familiar, pasando por decepciones amorosas en los pre adolescentes. Por eso lo primero que se debe buscar es en la casa de familiares cercanos y de amigos. 

Pero sea como sea los padres soportaran una gran presión, cayendo muchos en una profunda depresión, por lo que se recomienda la ayuda profesional para atravesar esta difícil etapa. Es por eso que nunca deje de apoyar un caso parecido, nadie está a salvo, ya que el próximo desaparecido puede ser alguien muy cerca suyo.

Con nuestro dinero pagan a sus hijos y novias

Enrique Vargas Peña (foto de cronica.com.py)

 

Julio César Velázquez, de la Asociación Nacional Republicana (ANR), presidente del Senado y Juan Bartolomé Ramírez, del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), presidente de la Cámara de Diputados, mostraron que, a la hora de desconocer la lógica, bastardear el idioma e ignorar la construcción republicana y democrática, carecen de límites.

Ramírez hace lugar al pedido de un grupo de funcionarios públicos que cobra salarios en la Cámara de Diputados de no publicar sus nombres, ni los salarios que perciben, ni las funciones que supuestamente desempeñan alegando que el Artículo 33 de nuestra Constitución protege esa información contra el escrutinio público ().

El Artículo 33 de nuestra Constitución dice que “La intimidad personal y familiar, así como el respeto a la vida privada, son inviolables. La conducta de las personas, en tanto no afecte al orden público establecido en la ley o a los derechos de terceros, está exenta de la autoridad pública. Se garantizan el derecho a la protección de la intimidad, de la dignidad y de la imagen privada de las personas”.

Según estos funcionarios, y Ramírez, la protección que nuestra Constitución brinda a la intimidad (2. f. Zona espiritual íntima y reservada de una persona o de un grupo, especialmente de una familia”) implica mantener en secreto el monto de dinero que extraen del pueblo paraguayo, dejar oculta la razón por la que le extraen ese dinero y las identidades de quienes son empleados del pueblo.

La intimidad que nuestra Constitución protege es la referida a lo que las personas hacen con sus vidas. Lo que el Artículo 33 protege es lo que, para ir directamente a estos funcionarios, ellos hacen con el dinero que les da el pueblo paraguayo.

A nadie le interesa saber lo que estos funcionarios hacen con sus salarios. No interesa si compran asado o sexo: “La conducta de las personas, en tanto no afecte al orden público establecido en la ley o a los derechos de terceros, está exenta de la autoridad pública”.

Pero el Artículo 33 no dice que los empleados del pueblo tienen derecho a ocultar cuánto les paga el pueblo, por qué les paga, ni quiénes son. Nada, nada absolutamente, en el Artículo 33 permite sostener que el mismo protege esa información. No la protege. “La imagen privada” es la que está específica y taxativamente protegida, no la imagen pública.

Desde luego, el Artículo 33 no puede lógicamente entenderse como derogando los Artículos que en nuestra Constitución obligan a dar a conocer toda la información referida a los empleados del pueblo.

El Articulo 2 de nuestra Constitución constata que “la soberanía reside en el pueblo”. Soberanía significa “1. f. Cualidad de soberano. 2. f. Autoridad suprema del poder público”. Y “soberano” significa “1. adj. Que ejerce o posee la autoridad suprema e independiente”.

Si se le puede negar información al pueblo, como pretenden Ramírez y Velázquez, el pueblo no es el soberano, lo es quien se la puede negar.

El Artículo 28 de nuestra Constitución establece que “Las fuentes públicas de información son libres para todos. La ley regulará las modalidades, plazos y sanciones correspondientes a las mismas”. No dice que el Congreso no es una fuente pública de información.

Por si hubiera duda debido a la falta de ley reglamentaria, el Artículo 45 de nuestra Constitución recuerda que “La falta de ley reglamentaria no podrá ser invocada para negar ni para menoscabar algún derecho o garantía”. Velázquez y Ramírez tienen prohibido invocar la falta de ley para negar al pueblo su derecho a saber quiénes usan su dinero.

El Artículo 101 de nuestra Constitución aclara que todos “Los funcionarios y los empleados públicos están al servicio del país”. Están al servicio del país, no del presidente de alguna cámara en particular.

Y como son empleados del soberano al servicio del país, el Artículo 104 especifica claramente que todos “Los funcionarios y los empleados públicos, incluyendo a los de elección popular…estarán obligados a prestar declaración jurada de bienes y rentas…”.

Esta declaración de bienes es para que el pueblo sepa que no se robaron dinero del pueblo mediante remuneraciones secretas como las que ahora reivindica el presidente de la Cámara de Diputados.

El Artículo 105 de nuestra Constitución obliga a decir quién recibe remuneraciones con dinero del pueblo al disponer que “Ninguna persona podrá percibir como funcionario o empleado público, más de un sueldo o remuneración simultáneamente”. Es obvio que sin que se sepa quien recibe los salarios, como pretende Ramírez, los que ganan dinero público en secreto pueden tener doble o quíntuple remuneración.

Gracias a los medios, ahora ya sabemos que Julio César Velázquez (ANR) y Juan Bartolomé Ramirez (PLRA) están derogando de facto todos esos Artículos de nuestra Constitución, retorciendo la lógica, degenerando el idioma y demoliendo la República, para que la gente no sepa que sus colegas prebendarios usan el dinero del pueblo para pagar a sus hijos y a sus novias () ().  

 

Artículo publicado en la edición del domingo 6 de octubre de 2013 de La Nación ()

 

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ALÉJESE CUANTO PUEDA DE LOS “MALA ONDA”

Aunque no lo crea, siempre habrá unos cuantos, revoloteando a su alrededor. Usted a simple vista no los podrá detectar, solo conversando un par de minutos, recién podrán tener la autentica certeza que es uno de ellos. 

Podrá verlos camuflados como uno de sus amigos, o dentro de su propia familia, o tal vez en su misma oficina, donde usted desarrolla sus actividades comerciales. 
Con gran astucia se acercan a nosotros, pero nunca con buenas intenciones, intentando por lo general, de ganarse nuestra confianza. 
Una vez traspasado el umbral de la primera y lógica desconfianza, inician el lento proceso del envenenamiento espiritual, al que se le llama familiarmente “goteo tóxico” y mediante el cual, el “mala onda” nos inyecta en el alma pequeñas dosis de celos profesionales, odio irracional, envidia, orgullo mal entendido y una pizca de los peores sentimientos malsanos. 
Pronto descubrirá que tal intoxicación arrojada por los “mala onda” puede causar graves efectos en su ánimo y su relación interpersonal con los demás. Quizás le cueste tomar la determinación de echarlos de su vida, pero eso responde a una ley natural de sobrevivencia ya que de no hacerlo, rápidamente pueden llegar a arruinarnos la existencia. 
Por lo general son una mala influencia para nosotros, en todo sentido, sin embargo no lo notamos hasta que nos golpea bien en el medio de la cara. Hay muchas formas de molestarnos, tantas como la gran variedad de “mala onda” que existen. En caso que se hiciera una clasificación se diría que nos podemos encontrar con: 
El badulaque es uno de los peores engendros entre todas las categorías, por eso nunca se descuide de ellos. Pueden intoxicarlos al tratar de convencerlos que usted razone como ellos, por lo que tarde o temprano se deprimirá. Siempre recuerde que es usted quien elige a sus amigos, así que hágalo entonces con sumo cuidado. 
El antisocial tiene una característica muy especial que permite detectarlo de inmediato. Domina el arte de la mentira, endulzando casi siempre nuestro oído. No le interesa a quien hiere siempre que no se interponga en su camino. Y aunque se contradiga, eso no lo afecta. Es un ser totalmente egoísta y su cara de piedra es compatible con su consumada cobardía.
 
El desbocado es aquel que intenta intimidarnos y rebajarnos para que aquel se sienta superior. Tiene poca paciencia y permanentemente se siente acosado por todos, por lo que sus estallidos de ira son bastante frecuentes. 
Discutir con ellos es realmente inútil porque no saben lo que es razonar. Es común que por este motivo terminen sus vidas abandonados ya que los pocos amigos que tenían terminaron huyendo. 
El pedante es un tipo presuntuoso y soberbio que cree tener la siempre la razón, por lo que si no la gana, la empata pero nunca pierde. Miran a los otros por sobre su hombro y los trata como seres inferiores. Les gusta ser el centro de una conversación y harán lo que sea por conseguirlo, de lo contrario se irán así como vinieron. 
Se molestan cuando deben escuchar intentando a cada rato interrumpir para dar su opinión. Son siempre perfectos e indispensables. Jamás aceptaran que han cometido un error. 

El resentido cree que todo el mundo está en su contra, destilando por su boca toda la negatividad posible. Se queja constantemente de su suerte pero no hace nada por cambiarla. 
Su pesimismo es contagiante ya que al poco tiempo nos invadirá un intenso pesimismo. Pero su verdadera habilidad consiste en hacernos culpables a nosotros de todas sus frustraciones.

 

El ofensivo le gusta humillar a todos los que lo rodean porque eso le provoca un gran placer. Simula ser amigo para conocer todos nuestros defectos a fin de avergonzarnos ante nosotros mismos o los demás, cuando llegue la ocasión. 

Nos chantajea con divulgar nuestros puntos débiles. En caso que esto no sea suficiente acude al insulto público con la consiguiente humillación. Son capaces incluso de convencernos que eso lo hace para ayudarnos. 
El mandón es por lo general una persona con un grave complejo de superioridad. Se divierte imponiendo su voluntad como un vulgar tirano y eso lo hace sentirse muy por encima de los demás mortales. Le gustan los puestos de jerarquía para poder mandar y así atemorizar e incluso insultar a sus empleados. 
Pero cuando están en el llano, fingen amabilidad, para despistar ya que apuestan a ser jefes. Odia a quien tiene buenas ideas o son mucho más capaces. No es nada raro que estén implicados en casos de acoso sexual. 
El egoísta no admite que los demás triunfen y le molesta que los otros posean cosas que él no las tiene. Le complace enemistar a las personas, destruyendo incluso sólidas amistades. Es una persona superflua que desea fervientemente tener exactamente lo que no tiene y llegar a conseguirlo tampoco lo resuelve porque es un completo insatisfecho. 
El chismoso es un experto en crear un mal clima dentro del trabajo y sin complejo de culpa. Nunca se cansa de buscar secretos de sus compañeros y si no los tiene los inventa. Mantenerlos a distancia nos puede evitar un sinnúmero de problemas. Todos, de vez en cuando pasamos a otro un chisme, eso es normal, pero uno se vuelve “mala onda” cuando algo inocente ya se vuelve repetitivo por lo que nos volveremos uno de ellos sin quererlo. 
El maniático es el más raro de todos los “mala ondas”, ya que no solo hacen daño a los otros, si no a sí mismo también. Desea que todos gusten de él. Son infantiles, presumidos y no les gusta oír consejos. Sin embargo acostumbra a ayudar con el mezquino fin de echárselo en cara, en la primera oportunidad. 
Las personas “mala onda” siempre son una pésima compañía. Convivir con ellas es peligroso, a menos que se los descubra y uno se aleje de ellas. La mejor manera de anular su veneno es con la amabilidad. Al final de cuentas, ya hace mucho más de dos mil años alguien muy sabio ya decía:” No le hagas a los demás lo que no deseas que se te haga a ti mismo”.