Juan Darío Monges, igual a Zulma Goméz

Enrique Vargas Peña (foto de abc.com.py)

 En la edición de ayer de “La Nación”, se lee que “Los senadores colorados amenazan con denegar el acuerdo constitucional a James Spalding para su designación como director de la Itaipú Binacional. Spalding es cuestionado por resistirse a atender algunos pedidos provenientes de la dirigencia de base, especialmente del departamento de Alto Paraná y Canindeyú, zona de influencia de la entidad. El senador Juan Darío Monges dijo que el titular interino de la binacional ‘se cree un Dios en el poder y no se muestra incluyente’. ‘Nosotros estamos advirtiendo de la conducta de este señor que no se compadece con las orientaciones del señor presidente de la República. Y no vamos a transigir ante ningún funcionario público que no sea capaz de escuchar tan siquiera a los representantes departamentales o nacionales que se acercan con propuestas de desarrollo’, manifestó el senador colorado” ().

La edición de ayer de “ABC” precisa que “Juan Darío Monges advirtió ayer al director general paraguayo de Itaipú, James Spalding, que no aprobará su designación porque ‘se cierra a los pedidos de intendentes y gobernadores’. ‘Itaipú no es solamente de dos regiones, es nacional y él (James Spalding) tiene la responsabilidad por sobre todas las cosas de escuchar a todos quienes tienen expectativa en Itaipú’, reiteró el legislador, defendiendo el pedido de sus correligionarios”. ().

Y la de “Ultima Hora”, agrega que “Juan Darío Monges…amenazó con no aprobar el acuerdo para su confirmación en el cargo…‘Queremos saber si el señor Spalding ha compartido ya con algún referente importante nacional o regional, porque los antecedentes que tienen de Spalding es de cerrarse, y la versión que sale de adentro para afuera es que él no va a escuchar absolutamente a ningún referente más que el presidente de la República’, se quejó el parlamentario” ().

Sintetizando lo publicado en los medios se tiene un mapa bastante completo de las pretensiones del senador Monges:

1.     El senador cree que está muy mal que el director paraguayo de ITAIPU escuche solamente al presidente de la República (Ultima Hora);

2.     El senador cree que está muy mal que el director paraguayo de ITAIPU no satisfaga las expectativas de los dirigentes regionales del Partido Colorado (ABC);

3.     El senador cree que ITAIPU debe servir al Partido Colorado (La Nación).

Lo expuesto en las ediciones de ayer de los medios nacionales de comunicación permite ver que no hay diferencias entre el senador colorado Juan Darío Monges y la senadora liberal Zulma Gómez, que hizo en ITAIPU exactamente lo mismo que ahora pretende hacer el senador colorado.

Es obvio que para el senador Monges lo del “nuevo rumbo” del presidente Horacio Cartes era solamente un lema electoral retórico, vacío, elaborado para engañar al electorado paraguayo, pues está claro que el senador Monges quiere seguir haciendo en ITAIPU lo mismo que hicieron allí los liberales.

Pero habemos muchísimos paraguayos que creemos que el “nuevo rumbo” debe ser algo mejor que una promesa hueca de político; habemos muchísimos ciudadanos que pensamos que llegó la hora de detener a los políticos que mienten en las elecciones y que usan el Estado como una extensión del patrimonio de sus partidos.

El senador Monges, como antes la senadora Gómez, olvidan que ITAIPU no se creó para atender a ningún correligionario de ellos, sino para proveer de energía segura y barata a todos los paraguayos y creen, estos políticos, que los ciudadanos olvidamos que todos los problemas que sufre el lado paraguayo de ITAIPU se deben a que ellos malgastaron los fondos de la entidad en prebendas.

Gracias a políticos de esta clase el dinero de ITAIPU se gasta en cualquier cosa, menos en asegurar la infraestructura eléctrica de nuestro Paraguay. Lastimosamente, estos políticos tienen todavía capacidad de seguir retrasando el desarrollo de nuestro país.

Espero que la mayoría sana del Partido Colorado, esa enorme mayoría que en las internas coloradas apoyó el proyecto nacional del presidente Cartes, sea capaz de desmarcarse de esta clase de políticos que son el pasado, y que son el problema de nuestro Paraguay.

 

Artículo publicado en la edición del domingo 01 de setiembre de 2013 de La Nación ().

Con esta Policía no se vencerá al EPP

Enrique Vargas Peña (foto de nanduti.com.py)

Hace años sostengo que la Policía Nacional, así como se encuentra concebida, estructurada, integrada y dirigida no solamente no sirve para cumplir con las obligaciones que le impone el Artículo 175 de nuestra Constitución, sino que es la mayor dificultad que sufre nuestra República para cumplirlas.

No se puede cumplir lo que ordena el Artículo 175, que dice que “Dentro del marco de esta Constitución y de las leyes, (la Policía) tiene la misión de preservar el orden público legalmente establecido, así como los derechos y la seguridad de las personas y entidades y de sus bienes; ocuparse de la prevención de los delitos; ejecutar los mandatos de la autoridad competente y, bajo dirección judicial, investigar los delitos”, con la Policía así como está.

Luego, no se puede obtener éxito sostenido alguno contra el narcotráfico, o contra la inseguridad en las calles, o contra las invasiones de terrenos urbanos o rurales, con esta Policía y, de hecho, nadie puede mostrar ninguna estadística seria que avale que cualquier supuesto éxito de la Policía sea sostenido.

Y mucho menos puede, esta Policía, obtener éxito sostenido alguno contra el terrorismo de la banda marxista autodenominada “Ejército del Pueblo Paraguayo” (EPP) que, gracias a la ineficiencia policial crónica, es dueña de moverse como quiere en extensos territorios del Norte.

El EPP ataca cuando quiere, donde quiere, como quiere y queda impune siempre. Esos son los hechos incontrovertibles de los últimos diez años. Nadie puede discutir seriamente que las detenciones o eliminaciones de algunos integrantes del EPP en nada han reducido la capacidad operativa de los terroristas, lo que muestra que no han sido éxitos decisivos.

Consecuentemente, el domingo 18 de agosto, tras la masacre cometida por el EPP en la zona de Tacuati, era evidente para todos nosotros que había que hacer algo muy urgente para enderezar la situación.

Debido a la larga noche autoritaria que sufrimos los paraguayos desde que las Fuerzas Armadas decidieron convertirse en una milicia política secuestradora del poder público el 17 de febrero de 1936, hago reservas sistemáticas acerca de relajar de cualquier modo el control civil pluralista sobre ellas y me opongo, en general, a su uso en tareas de orden interno, una de las funciones que tuvieron durante la vigencia de la “Doctrina de la Seguridad Nacional”.

Pero entiendo la crítica situación del presidente Horacio Cartes: No puede contar con la Policía por las razones expuestas al principio y, para hacer frente al EPP, solamente le quedan los militares, con los riesgos señalados en el párrafo anterior y con el agravante de que el fenómeno terrorista es de naturaleza intrínsecamente criminal y no militar.

La intervención militar en el mantenimiento del orden interno está reglada por los Artículos 173 (“su misión es…la de defender a las autoridades legítimamente constituidas, conformes con esta Constitución ”) y por la ley 1337.

Hasta esta semana, en virtud de dicha ley, solamente podían intervenir una vez establecido el Estado de Excepción. A partir de las modificaciones a la ley votadas por el Congreso y promulgadas el jueves (ley 5036), los militares pueden intervenir a discreción (“Del lat. discretĭo, -ōnis. 1. loc. adv. Al arbitrio o buen juicio de alguien. 2. loc. adv. Al antojo o voluntad de alguien, sin tasa ni limitación”) del presidente de la República (nuevo art. 56 de la 1337).

El concepto cuestionable en el nuevo art. 56 es “amenaza”, que no está definido con la especificidad requerida para evitar la discrecionalidad apuntada.   

Si yo fuera Horacio Cartes, jamás me arriesgaría a enfrentar al EPP con la Policía, pues sería ir a una derrota segura. Sobre todo después de constatar que en la Policía hay elementos que deliberaron (), a pesar de la prohibición constitucional expresada en el señalado Artículo 175, para oponerse al nombramiento de Francisco de Vargas como ministro del Interior.

Pero, a diferencia del presidente, habría especificado rigurosamente el concepto “amenaza” en los términos del Código Penal o con aún mayores precisiones y así hubiera convocado a las Fuerzas Armadas, pero en reemplazo de la Policía, para sacar a esta del teatro de operaciones y reformarla radicalmente, pues en la Policía hay gente que tiene interés en hacer fracasar al ministro De Vargas.

El presidente eligió hacer frente al EPP con la participación de una fuerza interesada en su fracaso, la Policía. Así será difícil obtener la victoria.

 

Artículo publicado en la edición el domingo 25 de agosto de 2013 de La Nación ()

SOLO LOS DELINCUENTES TIENEN DERECHOS HUMANOS

La primera y fundamental obligación que tiene todo Estado para con los ciudadanos, es la de garantizar plenamente el ejercicio de los Derechos Humanos en cualquier punto geográfico de una Nación. Esto, desde ya que incluye educación, salud, seguridad, alimentación, discriminación, e igualdad de oportunidades, entre otras cosas. 

Esto debería regir solo para todas aquellas personas honestas, trabajadoras y sacrificadas de cualquier país. Sin embargo son los mismos delincuentes quienes irónicamente apelan tanto al cumplimiento de los Derechos Humanos como al Estado de Derecho. Realmente un verdadero contrasentido. 
Un delincuente no respeta los derechos de nadie, mucho menos el derecho a la vida, porque simplemente no le interesa. Pero cuando un delincuente mata, es juzgado por ese hecho individual no porque violó el elemental derecho a la defensa de la integridad personal. Al convertirse en un marginal, este se encuentra por fuera de todo lo establecido. 
Sin embargo el Estado es el responsable directo de cuidar los DDHH, porque de no hacerlo se convierte de inmediato también en un delincuente, pero mucho más peligroso que cualquier otro bandido porque es el Estado mismo quien detenta todos los resortes del poder y todos sabemos lo que eso representa, cuando el Poder marea puede tornarse tiránico. 
Oponerse a los DDHH es como estar en contra de la dignidad del individuo y aunque parezca mentira, el delincuente, también es un ser humano. Por lo tanto, tenemos que el bandido está protegido por los mismos derechos que una persona decente. Claro que esto suena injusto, tanto como la diferencia entre legal e inmoral. 
Dentro de nuestra continua lucha interior entre el bien y el mal, muchos sentimos la necesidad que siempre gane la justicia.
Pero si uno presencia el asesinato de un joven solo para robarle su mochila o es testigo involuntario de un violador, o sabe quien vende remedios adulterados, puede ser que nos den ganas de hacer justicia por mano propia. 
Y aunque nuestra imaginación indignada se desborde, ante un determinado suceso, la amplia mayoría sabe que eso está mal, porque vivimos, teóricamente, en una sociedad que nos debería garantizar el fiel cumplimiento de la ley y de todos los derechos adquiridos. 
Pero la injusticia cobra cierta magnitud cuando varias ONGs, entre ellas, la ridícula Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay más conocida por su sigla Codehupy, comienza su denigrante actuación. Resulta grotesco cuando ellos presentan casos de violación de los derechos humanos en la muerte de algún integrante de la gavilla de narco-guerrilleros más conocidos como el EPP, en los frecuentes enfrentamientos a tiros con la fuerza policial. 
Sin embargo cuando mueren policías o testigos inocentes que han tenido la mala suerte de estar en el lugar y el momento menos indicado, ni la Codehupy ni ninguna otra ONGs jamás han mostrado la más mínima preocupación. Porque en apariencia siempre se sensibilizan mucho más con los “pobrecitos” delincuentes que con las “malvadas” víctimas. 
No estamos hablando de “caballos locos” ni “pirañitas” ni “tortoleros” y mucho menos de ladrones de caramelos, sino de criminales que acribilla gente inocente, que ponen “cazabobos” en los vehículos con la intención de matar a policías y fiscales que los investigan. De gente que ha secuestrado y no contento con esto ha matado a sus víctimas aún pagando el rescate. 
Estos mal llamados defensores, son de alguna manera quienes hacen una verdadera apología de la violencia y solo denigran el buen trabajo que otras ONG realizan. Su complicidad con el EPP es tan evidente que aunque se les pretenda dar un falso tinte ideológico a este grupo armado, no pasa de una banda de secuestradores y asesinos. 
Los DDHH son los preceptos innatos e innegociables con que todo ser humano llega a la vida. Algo conquistado a sangre y fuego a lo largo de los siglos destacándose el hito de la Revolución Francesa, como el principal logro jurídico que protege al ciudadano de los abusos de poder y ratificado en 1948, con la Declaración Universal de los Derechos Humanos. 
Los adeptos de la Codehupy intentan manipular la verdadera esencia de los DDHH a su favor, para lograr impunidad a estos criminales. 
Muchas ONGs están involucradas en esta endemoniada maniobra, aprovechando la corrupción dentro de los cuadros de la policía tanto como muchos en jueces, fiscales y personal judicial. 
Muchas personas llevan años en prisión sin ninguna sentencia; unos cuantos de ellos son simples testigos ocasionales que se han sido involucrados, otros no pueden hacer valer sus derechos porque no tienen dinero para un abogado y deben recurrir a uno de oficio, que tiene 400 casos a su cargo y no atiende a casi ninguno como corresponde. 
Nunca se ha escuchado que defiendan con el mismo empeño y entusiasmo a los poquitos Veteranos del Chaco que aún siguen con vida, en especial cuando son humillados al recibir miserables pensiones que no alcanzan a cubrir ni el 10% de sus medicamentos o solo son recordadas sus hazañas un solo día al año. Esto es realmente injusto. 
Jamás se han pronunciado ante la miserable carencia que soportan los olvidados pacientes del único Neuropsiquiatrico que tiene nuestro país, ni de la poca perspectiva que tienen de recuperarse de sus males en una estructura edilicia donde nada funciona, incluso sus dependencias sanitarias. La falta de protección y solidaridad por parte de los empleados también cuenta. Es denigrante ver el abandono que hacen de ellos sus parientes más cercanos. 

Pacientes pobres que mueren por falta de atención médica, médicos que realizan operaciones inútiles, abogados que traicionan a sus clientes, profesores que no saben enseñar, ingenieros que hacen pésimos trabajos, también son Derechos Humanos violados pero jamás serán contemplados por esta entidad destinada solo a proteger delincuentes.